Posteado por: Alvarolopez50 | mayo 22, 2010

Analizando lo de “El avizpero”

Para aquellos que insisten en que hay que “cambiar de estrategia”, sin decir en qué consiste la nueva estrategia que prefieren y, por tanto, dejando tan sólo la impresión de que lo que en verdad quieren es una abdicación en la lucha contra el crimen organizado, para ya no “hacer ruido” y que las organizaciones del crimen sigan operando a su antojo y sin el acoso de autoridad alguna… con tal de que ya no haya “muertitos”.  De aplicarse eso que implican, el gran “muertito” sería México, como nación.

Los Absurdos de las opiniones que van y que vienen...

Sí, se agita el avispero… ¿Y?

Román Revueltas Retes

19 mayo 2010

¿Qué esperábamos? ¿Qué no ocurriera nada al terminar ese benévolo periodo de gracia que disfrutaron las mafias del narcotráfico durante años enteros?

Pero, encima ¿no estamos acaso enterados de que los cárteles se diputan plazas, territorios y mercados? El Estado mexicano, en efecto, le ha declarado la guerra al crimen organizado. Los delincuentes, además, se combaten entre ellos, se acribillan y se masacran alegremente, se persiguen y se exterminan.

¿Mueren inocentes? Sí, sí mueren.

Sin embargo, esa cifra absolutamente pasmosa de 4 mil niños muertos ¿de dónde diablos sale, quién la ha verificado y quién la puede constatar realmente? Ah y, sobre todo ¿quién la propaga y la difunde cual rumor sobre un ataque inminente en Cuernavaca o sobre el hallazgo del cuerpo de Fernández de Cevallos en un campo militar?

Qué curiosa, y qué extraña, es esa actitud de que a los narcos hay que dejarlos tranquilos, en su rinconcito, a que hagan sus negocios y se dediquen plácidamente a sus asuntos.

Si lo piensas, es como si gozaran de las simpatías de amplios sectores de la sociedad mexicana o, peor aún, como si hubieran comprado ya las voluntades de todas esas personas que se rasgan las vestiduras porque en una guerra… hay muertos.

No es el gobierno, con perdón, el que mutila y decapita. Y tampoco es el Ejército el que mata y secuestra.

El tipo aquel que disolvía los cadáveres en tinajas llenas de ácido no trabajaba para ninguna procuraduría; los sicarios que descerrajan ráfagas de ametralladora contra los parroquianos de un bar no son miembros de las Fuerzas Armadas; los matones que llevan un cadáver hasta un puente y lo dejan colgando para espantar a la gente no son oficiales de la Marina…

En todo caso ¿debe el gobierno retirarse simplemente porque el adversario es cada vez más bárbaro y más sangriento?

¿Ese repliegue no significa la más escandalosa abdicación ante la fuerza bruta, la más cobarde huída ante la violencia y la más indecente renuncia a ejercer las responsabilidades del Estado?

Digo.
revueltas@mac.com

ESTA ES UNA HISTORIA EN IMÁGENES: Los extremos de la misma historia…

Narcotráfico también obedece a corrupción en el Gobierno de los Estados Unidos

México les pone precio a las CABEZAS de los CAPOS de seis carteles en México

Ejército Mexicano en ACCIÓN

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Responses

  1. VIVIR EN JAQUE: el narcotráfico como el principal desafío para el gobierno de México.

    De regreso de vacaciones y comenzando una nueva triada en la que nos proponemos analizar el problema del narcotráfico y la seguridad pública en nuestro país, entrevistan en cabina Alicia Caldera y Ramón Gómez a David Coronado, Doctor en Ciencias sociales con especialidad en Sociología de la Cultura y a Martín Jiménez, Maestro en Derecho Penal.

    En la larga lista de desafío a los que se enfrenta el Estado Mexicano, está el narcotráfico. Mediante el uso de la violencia y del poder corruptor del dinero, ha sido capaz de poner en jaque a México entero…

    ¿Cómo es que hoy por hoy, el narcotráfico se ha convertido en el principal desafío de México?
    ¿Es una guerra en el sentido literal de la palabra la que libra actualmente el Estado mexicano en contra del narcotráfico?
    ¿Qué posibles soluciones podemos encontrar a todo esto?

    Pasa y descubre lo que opinan nuestros invitados en torno a estas y otras cuestiones…

    [audio src="http://148.202.18.157/sitios/puertauno/puerta1prog64.mp3" /]

    LA RUTA DEL NARCO: México entre Estados Unidos y Colombia.

    “Vivir en medio… quién pierde o quién gana jugando a la guerra?”

    Con la presencia de Abelardo Rodríguez, Doctor en Relaciones Internacionales y Políticas Comparadas y por medio de una entrevista realizada al Dr. Bruce Bagley de la Universidad de Miami, ambos especialistas en temas de seguridad y relaciones Estados Unidos-América Latina, Ramón Gómez, nuestro conductor, va desentrañando el origen del narcotráfico como problema de seguridad nacional en México.

    El punto de quiebre se da en la transición democrática, afirman nuestros entrevistados a la vez que hacen un breve recuento de la historia política del país, apuntando la carencia de reformas y estrategias que dejaron un vacío conceptual, institucional y político en México.

    ¿Existe solución posible para México? ¿Qué tanto difieren los intereses nacionales en cuanto a seguridad con los norteamericanos? ¿La actual guerra al narcotráfico ha podido resolver algo?

    No te puedes perder esta entrevista en la que hablamos sobre violencia, narcotráfico y crimen organizado ¿cuál es el negocio de todo esto y a quienes beneficia?

    [audio src="http://148.202.18.157/sitios/puertauno/puerta1prog65.mp3" /]

    NARCOMENUDEO: retos presentes y futuros en México.

    Última entrega de esta triada donde los doctores Dante Haro y Abelardo Rodríguez conversan con Ramón y Alicia sobre dónde estamos, qué hacer y hacia dónde vamos en torno al tema del consumo de drogas en nuestro país. La venta de drogas hasta en las secundarias, las conocidas “narcotienditas” parecieran ser parte de una historia de política-ficción, sin embargo representan una realidad en gran parte de Latinoamérica y de México; según confirman nuestros invitados, alrededor del 70% de municipios tienen estos problemas.

    Se ha perdido el control y no existe coordinación alguna entre los distintos sistemas e instituciones de gobierno. El ejército inunda las calles para hacer frente a la situación desembocando en una guerra fallida.

    ¿Cuáles son los hilos que mueven a los narcos, al narcomenudeo y a la corrupción?
    ¿Cuáles son las alternativas que debiera contemplar la federación?
    ¿En qué radica el error de las actuales estrategias?

    No te puedes perder esta entrevista, pasa….

    [audio src="http://148.202.18.157/sitios/puertauno/puerta1prog66.mp3" /]

  2. Asunto: Ciro Gomez Leyva

    La desvergüenza de Beatriz

    La primera conmoción nacional por los secuestros ocurrió a mediados de los 90, con los casos Harp, Vargas, Losada, Senderos. México estaba gobernado por el PRI. Los guaruras se centuplicaron.

    Cuando en 1994 y 1995 las bandas de secuestradores de La Víbora, Los Aparicio, Los Tlaycas tomaron Morelos, la entidad era gobernada por el priista Jorge Carrillo Olea, un especialista en seguridad. Quedó registro de la complicidad entre criminales y policías. El director de la Policía Judicial morelense era una leyenda policiaca del PRI: el capitán Jesús Miyazawa.

    El apogeo de los cárteles de la droga en Jalisco comprendió también el periodo del gobernador priista Enrique Álvarez del Castillo, a quien luego el priista Carlos Salinas de Gortari nombró procurador general de la República.

    El auge de los cárteles y el crimen en Sinaloa se dio entre gobernadores priistas: Antonio Toledo Corro, Francisco Labastida, Renato Vega.

    Con el argumento de que poco pueden hacer con la migración, los municipios conurbados del Estado de México han sido desde el priista Carlos Hank González hasta el priista Enrique Peña Nieto, zona franca para delincuentes grandes y pequeños.

    Chihuahua es hoy la entidad más violenta del país. El PRI la gobierna desde hace diez años. Ni qué decir de Tamaulipas, Coahuila, Durango, Oaxaca…

    Con una desvergüenza del tamaño de la desgracia, la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, culpó a los “otros” por la presente tragedia de la inseguridad. Y perfiló a su partido como el único que en el futuro puede encararla y doblarla. Su partido, el de Cosío Vidaurri, Cavazos Lerma, Yarrington y Montiel.

    Desvergüenza: dicho o hecho impúdico o insolente.
    Desvergüenza, la de Beatriz. Y la del PRI: la opción de la experiencia.

    A ESTO LE LLAMO DESCARO Y CINISMO……
    CIRO GÓMEZ LEYVA

  3. EN EL DEBATE / ¿Es tiempo de despenalizar las drogas?

    (8 agosto 2010).- Fernando Guzmán Pérez Peláez

    Uno de los grandes problemas que vive nuestro país, y nuestro estado, es el del narcotráfico. Ya el Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, ha puesto en la mesa del debate nacional si el consumo de las drogas debe legalizarse o no, como una solución a ese grave problema.

    Es innegable que nuestro país, de ser un lugar de paso en el tráfico de drogas, se convirtió en un lugar de consumo. Pero en definitiva, y por las experiencias de otros países, se ha comprobado que la legalización no es la solución. El experimento internacional señala que los países que legalizaron el consumo de drogas quieren regresar a la prohibición ante los altos consumos que se registraron después de la medida.

    La lucha contra el crimen organizado la está enarbolando nuestro Presidente, y los medios de comunicación han sido testigos y han dado cuenta de esta férrea pelea y los golpes certeros e importantes que se han dado.

    Pero una de las batallas en este siglo, que no tiene que ver con los golpes a los delincuentes, es aquella por liberar a quienes están inmersos en la esclavitud de las drogas, sobre todo nuestros jóvenes. Juntos, sociedad y gobierno tenemos que enfrentarla. La legalización de las drogas, aunque hipotéticamente pudiera acabar con el narcotráfico, haría crecer el consumo de estupefacientes.

    Hace 200 años la esclavitud era la explotación de los hombres. Hoy en día está en la dependencia a las drogas. Es la batalla más fuerte que estamos enfrentando. Y es que, así como hace 200 años Miguel Hidalgo declaraba la emancipación de los mexicanos logrando nuestra Independencia, hoy debemos enfrentar el nuevo reto de liberar a nuestros jóvenes de las drogas, pues son ellos la principal fortaleza de la nación.

    El debate debe estar centrado en cifras que nos reflejen realidades crudas, experiencias de otros países que ya recorrieron este largo camino y ahora van de regreso. Y a partir de datos duros, construir una plataforma sólida que lleve a México a ser un país libre de drogas.

    Diversos estudios internacionales han demostrado que la mayoría de los ilícitos son cometidos por personas bajo los efectos de algún tipo de droga, esas acciones delictivas no se dan porque las drogas sean ilegales, y sí demuestran que el consumo de drogas lleva un riesgo inaceptable de causar daños, no sólo a los que lo consumen sino a los demás.

    Estos mismos análisis muestran que a mayor disponibilidad y legitimidad de las drogas, mayor será su consumo. Es decir, que si se legalizan, el costo para los seres humanos y para la sociedad aumentaría exponencialmente. La despenalización implicaría, entonces, una irresponsabilidad gubernamental, ya que la autoridad tiene la obligación de velar por la salud pública.

    Uno de los argumentos de los que se pronuncian a favor de que las drogas sean legales es que se cree que disminuiría el consumo de ellas, pero observemos lo que ha pasado en otros países, por ejemplo en Alaska, EU, en los años 70, se aumentó el límite para consumo de mariguana; para finales de la década siguiente la adicción subió considerablemente en los jóvenes de 12 a 17 años. Para los años 90 se regresó a la prohibición y el consumo bajó paulatinamente.

    El parque Platzpitz, en Suiza, fue designado por sus autoridades como un sitio de tolerancia para el consumo de cualquier tipo de droga. El registro que se tenía en 1987 era de un promedio de 300 visitantes y en cinco años acudían más de 20 mil adictos. Fue entonces que el gobierno decidió cerrar el lugar.

    Incluso en Holanda, presumido como el país “modelo” de esta política, las cifras nos indican que la legalización de ninguna manera baja los índices de consumo. Desde que se despenalizó el uso de drogas hubo un aumento de 30 por ciento en su consumo y se incrementaron, en 10 años, de 30 a mil 500 puntos de venta de droga, mientras que el uso de la mariguana entre los jóvenes de 18 a 25 años creció 200 por ciento.

    Quienes comparan las drogas con el consumo de alcohol y tabaco pasan por alto que la adicción a éstos requiere un tiempo considerable de consumo, en cambio con otras drogas la adicción y los daños se presentan en los primeros consumos, llevando fácilmente a actos de violencia o crimen.

    Todos, sociedad y gobierno, debemos pugnar por una libertad auténtica, sobre todo de nuestros jóvenes ya que la adicción a las drogas es la nueva esclavitud del siglo 21.

    Secretario General de Gobierno del Estado de Jalisco.

  4. Arturo Zamora Jiménez

    Al plantearse de nueva cuenta abrir un debate nacional sobre la posible legalización del tráfico, comercio y consumo personal de ciertas drogas que hoy se prohíben, tema que ha sido recurrente en los últimos 15 años, me queda la sensación que se trata de una cuestión que no tiene gran futuro.

    Es importante recordar que la anterior legislatura del Congreso de la Unión aprobó modificaciones al Código Penal Federal para despenalizar el uso, consumo y como consecuencia transportación de algunas cantidades de drogas, que a criterio de los legisladores y en función de las interpretaciones de la autoridad judicial constituyen las cantidades de consumo inmediato para cada persona, lo cual por supuesto en este país no se castiga.

    En México persiste una corriente de opinión, muy respetable, que plantea despenalizar ciertos delitos contra la salud como una estrategia alternativa a la que hoy implementa el Estado mexicano basada en combatir con armas a los cárteles del narcotráfico, a fin de reducir los efectos de violencia e inseguridad para la sociedad que ello genera.

    Sin embargo, no debemos olvidar que el uso de drogas es altamente dañino para la salud humana y su pretendida legalización facilitaría encontrarla en cualquier lugar, a precios accesibles, al alcance de cualquier persona, incluso niños y jóvenes que estarían expuestos a un problema de graves efectos patológicos por el uso desmedido de narcóticos y con el consiguiente efecto de los llamados daños colaterales a terceras personas.

    La legalización de las drogas aumentaría también los costos sociales: las drogas -sean legales o no- son adictivas, y provocan desintegración familiar, intoxicaciones y varios problemas más.

    Visto de esta manera, el costo social y humano de una supuesta estrategia para disminuir la violencia derivada del combate al narcotráfico sería tan alto como el que hoy estamos pagando.

    En este debate debemos tomar en cuenta la defensa de la cultura de la vida, misma que se encuentra consagrada en nuestra Constitución en su Artículo Primero.

    La legalización de las drogas, contrario a lo que se cree, en realidad beneficiaría a los grandes cárteles, quienes inundarían el mercado con drogas muy baratas, con lo cual conseguirían nuevos adictos y el crecimiento de su mercado compensaría la disminución de los precios. El Estado reaccionaría con mecanismos de control más severos, lo que aumentaría los precios y por consiguiente generaría un nuevo mercado negro.

    Otro de los riesgos, al legalizar, es que se potencialice el trasiego de drogas a otros países como Estados Unidos -primer consumidor a nivel mundial-, donde la venta y consumo de drogas seguiría siendo una conducta delictiva y por supuesto prohibida al cruzar la frontera. Por ello digo que debatir este tema en México es una cuestión que no tiene mucho futuro, en tanto no se discuta a nivel global.

    La legalización de las drogas no va a eliminar los problemas de violencia que en la actualidad se viven en el país, ya que los grupos delictivos se dedicarían a la comisión de otras actividades ilícitas, como ya ocurre.

    El punto de partida del debate nacional debe ser el reconocimiento de que el consumo de drogas es un problema social prioritario que debe ser enfrentado de manera decidida, integral y sostenida mediante políticas públicas orientadas a la prevención, información, educación y sanidad. Y que el comercio de drogas, al ser una actividad altamente dañina no puede ser legal, sino combatirse.

    Liberalizar el uso de drogas constituye aceptar que el combate al enemigo se ha perdido y que los esfuerzos de la autoridad han sido en vano.

    El combate al narcotráfico por parte del Estado debe seguir, lo que ha fallado es la estrategia operativa encabezada por el Gobierno federal.

    Debemos reconocer que así como las políticas de prevención para reducir el consumo son fundamentales, la estrategia de combate al narcotráfico en México debe revisarse y corregirse para disminuir en efecto los niveles de violencia pero, sobre todo, para derrotar definitivamente a los grupos delictivos que controlan el negocio de las drogas ilegales en el país.

    Diputado federal, coordinador de los diputados federales de Jalisco por el PRI.

  5. ¿Legalización? Sí
    Jaime Sánchez Susarrey
    7 Ago. 10

    1. Más vale tarde que nunca. Felipe Calderón no se pronunció por la despenalización de las drogas, pero aceptó y dio por buena la apertura de un debate al respecto. Anteriormente su postura había sido tajante: no a la despenalización, no al debate.

    Su cambio coincide con la Declaración de Viena (firmada por tres ex Presidentes latinoamericanos: Zedillo, Gaviria y Cardoso) que llama a revisar la política de “la guerra contra las drogas” porque ha fallado en todo el mundo y convoca al secretario de la ONU a pronunciarse por la despenalización de los consumidores de drogas (www.viennadeclaration.com).

    2. En México la estrategia ha fallado en todos los órdenes. No ha logrado disminuir el consumo. No ha conseguido contener la violencia. No ha reducido el poder económico de los cárteles. No ha recobrado territorios y espacios que estaban bajo el control del crimen organizado.

    Para utilizar la metáfora del propio Calderón: la intervención inicial del paciente mostró que padecía un cáncer avanzado, pero el tratamiento aplicado ha provocado una metástasis. El empeoramiento de la situación no es garantía ni confirma que vamos por el buen camino. De ahí la urgencia de revisar la estrategia.

    3. La situación en México y Estados Unidos es radicalmente distinta. En ambos países hay consumo y tráfico de drogas, pero allá los cárteles no constituyen un desafío para el Estado ni son un problema para la seguridad nacional.

    Voy a lo fundamental. En más de 10 estados de la Unión Americana la marihuana está legalizada con fines medicinales. En California, por ejemplo, se puede adquirir en máquinas despachadoras mediante una receta que la prescribe para combatir el insomnio, la ansiedad u otros padecimientos. Imposible tapar el sol con un dedo. El uso medicinal de la cannabis es un primer paso en la dirección de la completa despenalización.

    4. En Oakland, cerca de San Francisco, California, se acaba de aprobar la edificación de cuatro empresas que producirán en forma industrial la marihuana para abastecer el mercado que genera el uso medicinal.

    Pero además, en la elección para Gobernador de California en noviembre se realizará un referéndum para aprobar el consumo de la droga con fines recreativos. Las encuestas muestran, por lo pronto, que el índice de aprobación ronda el 50 por ciento.

    Los argumentos de los despenalizadores son, por un lado, que se abatirá la violencia y, por el otro, que el gobierno percibirá una cantidad importante de ingresos por los impuestos al consumo y la producción de marihuana.

    5. La despenalización de la marihuana con fines medicinales y la legalización de la producción en Oakland cambian el panorama radicalmente.

    ¿Con qué autoridad moral y argumento racional se puede justificar que en México, a lo largo del gobierno de Felipe Calderón, la guerra contra el narcotráfico haya cobrado más de 28 mil víctimas cuando del otro lado de la frontera la compra y venta de la marihuana es un negocio legal?

    Y si en el plebiscito de noviembre se impone el sí sobre el no, la situación será aún más insostenible. ¿Por qué perseguir a sangre y fuego lo que del otro lado se tolera y se consume legalmente? Sería como reeditar, pero al revés y con un gravísimo riesgo, la historia de la prohibición del alcohol en los años treinta, cuando los jóvenes estadounidenses cruzaban a Tijuana para embriagarse. ¿Eso es lo que queremos y, sobre todo, a cualquier costo?

    6. Hay varios datos, además de los citados arriba, que confirman el impacto positivo que tendría la legalización de la marihuana. Voy punto por punto.

    Según el departamento de Estado de Estados Unidos, en México se lava un promedio anual de 25 mil millones de dólares. Esto significa que al cumplirse el cuarto año de gobierno de Felipe Calderón estaríamos hablando de 100 mil millones de dólares que, a un tipo de cambio de 12.50, equivalen a un billón 250 mil millones de dólares.

    Según John Walters, entonces titular de la Oficina de la Casa Blanca para el combate a las drogas, en 2007 el 58 por ciento de los ingresos de los cárteles mexicanos en los Estados Unidos provenían de la venta de marihuana.

    La conclusión cae entonces por su propio peso. Si de verdad se quiere golpear el enorme poder económico de los cárteles de la droga la opción más simple y directa pasa por legalización de la producción y el consumo de la marihuana. Porque, dígase lo que se diga, ninguna estrategia hacendaria de decomiso podría tener una efectividad tan rápida y tan dramática.

    A lo que hay que agregar dos elementos adicionales. Se socavaría la base social de los cárteles en el campo mexicano, toda vez que el departamento de Estado estima que 300 mil personas se dedican al cultivo y procesamiento del opio y la marihuana. Y el Estado podría gravar la producción y el consumo, tal como lo hace con el alcohol, y obtener ingresos considerables.

    7. Por último, la legalización de las drogas se funda en un principio elemental que John Stuart Mill sintetizó con claridad y concisión hace un siglo y medio: “La única finalidad por la cual el poder puede, con pleno derecho, ser ejercido sobre un miembro de una comunidad civilizada contra su voluntad, es evitar que perjudique a los demás. Su propio bien, físico o moral, no es justificación suficiente (…) Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu el individuo es soberano (…) Cada uno es el guardián natural de su propia salud, sea física, mental o espiritual. La humanidad sale más gananciosa consintiendo a cada cual vivir a su manera que obligándole a vivir a la manera de los demás”. (On Liberty, 1869).

  6. Denise Dresser

    10 razones para legalizar la mariguana en México:

    1) La “guerra contra las drogas” ha acentuado los problemas que buscaba combatir. Fenómenos como la corrupción, la violencia, la disputa por el control territorial, la infiltración gubernamental y el poder de los cárteles mexicanos -a nivel nacional y global- no han disminuido. Al contrario, han aumentado. México debería comprender, como lo hizo Estados Unidos cuando legalizó el consumo del alcohol, que la Prohibición no disminuyó su uso, sino generó otra serie de daños sociales como los que nuestro país enfrenta ahora: el crimen organizado, el “boom” de los mercados ilegales y la violación cotidiana de la ley.

    2) Todos los decomisos, todos los arrestos y todas las extradiciones no han hecho mella en un negocio calculado entre 25 y 30 mil millones de dólares anuales. Según Edgardo Buscaglia del ITAM, en los últimos cuatro años, los cárteles mexicanos han ascendido para ocupar el tercer lugar en presencia y poderío a nivel global. En México han infiltrado cada vez más a la economía legal, al Estado, al Ejército, a las Policías. La política punitiva de los últimos años no ha funcionado para debilitar a las fuerzas que combate.

    3) La “guerra contra las drogas” está construida sobre premisas que parecen incuestionables e inamovibles: la batalla puede ser ganada, Estados Unidos puede reducir su propia demanda interna, “ahora sí” las cosas cambiarán cuando la Iniciativa Mérida incorpore la atención integral a las comunidades fronterizas. Pero estas premisas merecen ser cuestionadas porque en realidad han sido usadas para justificar que la política antidrogas de Estados Unidos se haya vuelto la política antidrogas de México, cuando no necesariamente debería ser el caso.

    4) El costo social y económico para el país -mientras el poder del adversario crece- ha sido inmenso. Más de 10 mil millones de dólares invertidos en balas, tanques y helicópteros que podrían haber sido canalizados a escuelas, pupitres y computadoras. 28 mil muertos tan sólo en los últimos cuatro años. Miles de familias desplazadas en el norte del país, obligadas a huir ante la violencia. El deterioro de la imagen de México a nivel internacional y el impacto sobre la inversión extranjera que eso entraña. Instituciones gubernamentales cada vez más desacreditadas ante el crimen que no logran contener. Todo ello legitimado con el lema “para que la droga no llegue a tus hijos”, cuando sigue llegando.

    5) La “guerra contra las drogas” desde un perspectiva puramente punitiva se ha vuelto el gran distractor. Ha desviado la atención de los cuatro rubros donde debería estar y que la legalización necesitaría incluir: a) el combate a la corrupción de alto nivel; b) la instrumentación efectiva de un programa de desmantelamiento patrimonial a los criminales; c) una política de prevención de las adicciones y disminución del daño; d) un programa de coordinación interinstitucional de combate a la delincuencia.
    6) La delincuencia común es la que más afecta al ciudadano, pero por el énfasis en la “guerra contra las drogas” es la que menos se combate. La legalización de la mariguana liberaría recursos y permitiría el fortalecimiento institucional de los cuerpos policiacos para enfrentar crímenes del fuero común que padecen tantos mexicanos y actualmente permanecen impunes.

    7) La legalización de la mariguana -como lo han argumentado los ex Presidentes latinoamericanos Gaviria, Zedillo y Cardoso- sería la manera de reducir los precios de las drogas y así proveer el único remedio a las múltiples plagas que provocan: los asesinatos, los descabezamientos, la luchas encarnizadas por el territorio y el colapso del andamiaje del gobierno en ciudades como Ciudad Juárez y Monterrey.

    8) La legalización sería la forma inteligente de enfrentar una contradicción obvia. Mientras México libra una guerra cruenta contra las drogas, Estados Unidos está optando por despenalizar su uso. Sitios como California se encaminan hacia allí porque han entendido que los costos de la criminalización exceden a los costos de la despenalización. Han comprendido que es mejor enfatizar la prevención de las drogas que incrementar la violencia criminal al tratar de combatirlas.

    9) Legalizar implicaría repensar para qué se está librando la “guerra”. Si el objetivo es proteger a la sociedad de las consecuencias dañinas de la droga, valen las siguientes preguntas: ¿la política actual realmente defiende a los mexicanos o acaba dañándolos? ¿No será que la guerra para exterminarla está produciendo más daño que la marihuana misma?

    10) Felipe Calderón ha dicho que la legalización dejaría en riesgo a varias generaciones de jóvenes. Pero en realidad ése sería el resultado de la política actual: persistir con una estrategia fallida, en aras de anunciar la victoria en una “guerra” que nadie ha podido ganar. El verdadero peligro para México es seguir librando las batallas equivocadas, seguir mal utilizando los recursos escasos, seguir creyendo que la marihuana es peor que la guerra fútil, violenta y desgastante para arrancarla de raíz.

  7. Sobre la legalización de las drogas

    Leo Zuckermann

    Bienvenido el debate sobre la legalización de las drogas. Soy de los que está a favor. En varias ocasiones he dicho por qué. Creo que el consumo de estupefacientes se puede resolver de mejor manera tratándolo como un problema de salud pública más que de seguridad pública.

    Además, el narcotráfico es uno de esos casos donde el Estado jamás podrá ganarle la batalla al mercado: mientras haya demanda por drogas, habrá alguien que las ofrezca, a pesar de estar prohibidas.

    En este artículo no quiero repetir todos los argumentos que he escrito sobre la legalización de las drogas basados en estudios académicos de expertos en la materia. Lo que quiero argumentar son algunas de las posibles –y fascinantes– complicaciones que acarrearía la posible legalización. Para empezar habría que decidir si hacerlo con todas, algunas o sólo con la marihuana que es la droga que se percibe erróneamente como la menos dañina para la salud.

    Legalizar todas tendría la virtud de supuestamente eliminar de tajo los mercados negros de drogas ilegales. El Estado ya no tendría que dedicar recursos para perseguir a delincuentes que, gracias a la legalización, dejarían de serlo.
    Sin embargo, me cuesta trabajo pensar en una legalización completa de todas las drogas de un día para otro, incluyendo la heroína, un peligroso derivado de la morfina que causa gran adicción al punto de enloquecer a los consumidores. En este sentido, quizá lo más sensato sería comenzar legalizando la marihuana y luego, gradualmente, proceder con drogas más «fuertes» como la cocaína, metanfetaminas, y quizá algún día hasta la heroína.

    Ahora bien, cuando se habla de legalización de drogas no se puede hablar de un mercado sin regulación alguna. A las drogas hoy prohibidas habría que tratarlas como las drogas hoy permitidas como el tabaco y el alcohol. El Estado, en primer lugar, tendría que ser muy estricto en que no sean vendidas a menores de edad. En segundo lugar, tendría que establecer un fuerte impuesto al consumo dedicado a resolver todos los problemas de salud pública que la legalización generaría, incluyendo el combate a las adicciones. En tercer lugar, el Estado debería dejar que sólo ciertos establecimientos certificados vendieran las drogas, con los estándares de calidad establecidos por las autoridades sanitarias y con las etiquetas alertando al público sobre los posibles efectos secundarios que tiene su consumo.
    Legalizar los narcóticos implica permitir su producción, distribución, comercialización, marketing y consumo, tal y como sucede hoy con el tabaco y el alcohol que, vale la pena repetirlo, son sustancias adictivas y dañinas para la salud.

    Si consideramos así la legalización, entonces los productores y comercializadores de las drogas pasarían a ser empresarios. Habría un nuevo negocio muy rentable que hoy, por la prohibición, sólo operan los criminales.

    Pero estos delincuentes no podrían transformarse en empresarios de la noche a la mañana. Muchos de ellos son mafiosos violentos que tienen órdenes de aprensión. Es imposible imaginar que organizaciones como los carteles del Golfo, de Sinaloa o los Zetas se convirtieran en empresas legales, hechas y derechas. Lo más factible es vislumbrar que el nuevo mercado de drogas legalizadas sería operado por corporaciones con negocios similares. Por ejemplo que el mercado de la marihuana legalizada la acabaran teniendo las empresas tabacaleras, por lo parecido de la cadena productiva de ambas yerbas.

    De ser así, la legalización dejaría sin negocio a los narcotraficantes de hoy quienes, desesperados por compensar la caída en su flujo de efectivo, seguramente buscarían nuevas empresas delictivas como la extorsión o el secuestro, los asaltos bancarios, el cobro de impuestos y «derecho de piso» a los comerciantes, el juego clandestino, etcétera. En este sentido, la legalización de las drogas, por sí sola, no va a resolver el problema de la delincuencia organizada, que está acabando con este país.

    La legalización no resolverá por sí solo ningún problema; sólo agravará más los ya existentes.

  8. ENTREVISTA AL SENADOR ALBERTO CÁRDENAS:

    * El senador Alberto Cárdenas opina sobre el polémico tema

    El legislador jalisciense se pronuncia por analizar las experiencias internacionales sobre el marco legal de los estupefacientes, para formar un criterio
    GUADALAJARA, JALISCO (10/AGO/2010).- La legislación mexicana no debe aprobar la legalización del consumo de drogas porque esto trae el riesgo de una desestabilización del país ante este problema, y dejaría el paso abierto a que se creara una red de negocios para la comercialización de los narcóticos, “en la que se competiría por vender la droga que más alucine”, aseguró el senador panista por Jalisco, Alberto Cárdenas Jiménez, quien dijo discrepar con lo que propone el ex presidente Vicente Fox.

    Expuso que en el debate que se ha propuesto por el Presidente Felipe Calderón sobre este tópico habrá de analizar las experiencias internacionales sobre el marco legal de las drogas, desde las posturas de amplia permisividad, como ocurre en Holanda; hasta donde se castiga el consumo con pena de muerte, como el caso de Singapur.

    Insistió en que aprobar una legislación que traiga plena permisividad al consumo de drogas, afectaría de manera grave el tejido social del país. Adujo que al ser el comercio de drogas una actividad muy lucrativa, puede esperarse el auge de negocios enfocados a estos productos a la manera de cadenas comerciales como la tiendas Oxxo.

    Ante la cercanía del mercado de Estados Unidos, donde el negocio de las drogas supone 800 mil millones de dólares, según datos recabados en el Senado de la República, Cárdenas Jiménez indicó que hay mucho por avanzar para demandar que el país vecino ponga orden en su casa y en la frontera con nuestro país.

  9. Legalizar Por Federico Reyes Heroles

    (10 agosto 2010).- ¿Cuál es el límite? La cifra de mexicanos asesinados en enfrentamientos de bandas se aproxima a los 30 mil. Entre efectivos de las Fuerzas Armadas y policías podría haber otras 2 mil víctimas. El gobierno mexicano ha dejado en claro que está dispuesto a poner todos los recursos que estén a su alcance pero hay un límite, debe haberlo. Paradójicamente éste no se establece por una cifra tope de sacrificados en las calles porque no está en las manos del Estado fijarlo. La defensa institucional de las Fuerzas Armadas podría prolongarse no sin un alto costo y riesgos. ¿Cuál es el límite?

    A pesar de los records en incautaciones y decomisos, a pesar de las extradiciones, a pesar de la caída de grandes capos como Nacho Coronel o Beltrán Leyva, pareciera que la lucha no tiene fin. Pero lo más grave radica en que la estrategia de terror sumada a los irrefrenables actos violentos, ha traído una profunda alteración de la convivencia social y un severo deterioro de las autoridades en varias ciudades y en regiones. El restablecimiento de las condiciones de gobernabilidad en ciertas áreas se ve opacado por los nuevos frentes. ¿Cuál es el límite? ¿Cuál es la salida? Las vencidas entre el Estado y el narco dejan claro que el Estado no puede ser vencido, pero también que el negocio es de tal magnitud, que las carretadas dinero atraen a cientos de miles de personas (se calculan 300 mil) que se encuentran en esa actividad. Es una opción riesgosa pero por lo visto muy atractiva, como lo son otras: descender a las profundidades del mar, salir a la estratósfera o hacer acrobacia sin red. Depende de la contraprestación, de la paga, y la droga paga muy bien.

    ¿Cuál es el límite? El límite es el sentido común, cuando éste se ve quebrado la lucha se convierte en un capricho y, como nos recuerda Antoine de Saint Exupery, ningún gobernante puede exigir absurdos. Calderón no es la excepción. Va desde abajo. Las actividades de persecución, como lo ha documentado The Economist, aumentan el precio. Ello provoca el efecto perverso de elevar la remuneración. Legalizar bajaría sensiblemente el precio y disminuiría los incentivos. Además la persecución recibe un tratamiento muy diferenciado, hay países muy permisivos hacia el tráfico como Guatemala, Venezuela o Argentina. Allí los cárteles no representan un desafío al Estado, tampoco en Estados Unidos, principal consumidor por mucho.

    En el otro extremo está la despenalización, legalización, del consumo medicinal en un creciente número de entidades de la Unión Americana acompañada de la producción legal para ese fin. Como anécdota quedará el arranque reciente de las actividades de la Universidad de la mariguana, también en California. En noviembre muy probablemente los “fines recreativos”, sean estos lo que sean, podrían justificar el consumo abierto y generalizado de esa droga. Ahora sí nos acercamos al límite. Será una afrenta al sentido común perder decenas de miles de vidas, sacrificar elementos militares y policiacos, perder gobernabilidad y lacerar el desarrollo de los mexicanos por una batalla en la cual lentamente nos quedamos solos. Nuestra verdadera batalla es la seguridad de los ciudadanos mexicanos y la defensa del Estado. Lo otro, el consumo en el vecino del norte, eso les corresponde a ellos regularlo y encauzarlo. Habrá tráfico si hay consumo sin producción. El consumo manda.

    La propuesta del Presidente Calderón de debatir la posible legalización de ciertas drogas es muy relevante y va en el sentido correcto. La gran mayoría de los ingresos de los cárteles mexicanos proviene de la producción y tráfico de mariguana. Su legalización disminuiría el precio y por lo tanto los incentivos perversos. La actividad productiva legal establecería un mercado con todos sus perfiles. Habría recaudación lo cual no es un asunto menor. Pero sobre todo habría un tránsito de la ilegalidad a la legalidad en el quehacer de cientos de miles de mexicanos. El Estado mexicano saldría fortalecido de una terrible encrucijada en la cual la encomienda de perseguir un producto de consumo generalizado en Estados Unidos ha mellado a las instituciones, la seguridad de los mexicanos y al desarrollo mismo. La aproximación moralista ha mostrado su inconsistencia e inutilidad. Es tiempo de buscar otras alternativas que vayan a la raíz.

    México y en particular Calderón tienen en este momento la autoridad moral para convocar a una conferencia internacional sobre el tema. La solución es global y la coyuntura de los próximos meses es excelente para desnudar la doble o triple moral de algunas naciones y los costos concretos para los mexicanos. Incluso si California no aprueba los “fines recreativos” la marcha legalizadora de los usos medicinales y la producción difícilmente se detendrá. Llegamos al límite, debatir y en su caso legalizar implica la búsqueda para México un camino viable entre el monstruoso y creciente consumo estadounidense y nuestra condición de cabús amenazado en esta historia.


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