Posteado por: Alvarolopez50 | octubre 11, 2010

Es el éxito cosa de “locos”

Hay una delgada línea entre el temperamento de un emprendedor prometedor y el de una persona a la que le vendría bien, como dicen en el campo de la psiquiatría, un poco de ayuda. Académicos y consultores de contrataciones dicen que muchos emprendedores exitosos tienen cualidades y peculiaridades que, si estuvieran contenidas en mayores proporciones en sus psiques, calificarían como una auténtica enfermedad mental.

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Lo cual no sugiere que los emprendedores estén locos. Sería más preciso describirlos como sólo lo suficientemente locos.

“Es una cuestión de grados”, dice John D. Gartner, psicólogo y autor de “The Hypomanic Edge” (La Ventaja de la Hipomanía). “Si eres maníaco, crees que eres Jesús. Si eres hipomaníaco, crees que eres un don de Dios para la inversión en tecnología”.

Los atributos que hacen a los grandes emprendedores, afirman los expertos, son comunes en ciertas manías, pero están presentes en formas más moderadas y se les aprovecha en maneras que son enormemente productivas. En lugar de la temeridad, al emprendedor le encanta el riesgo. En lugar de falsas ilusiones, el emprendedor imagina un producto que suena tan atractivo que inspira a la gente a apostar sus carreras, o mucho dinero, en algo que no existe y que quizá nunca se venda.

Así que los capitalistas de riesgo pasan mucho tiempo indagando en las psiques de las personas en las que podrían invertir. No se trata tanto de separar a los dementes de los ligeramente maníacos. Tiene que ver más con determinar cuáles hipomaníacos son demasiado arrogantes y odiosos (rasgos comunes en el tipo) y cuáles tienen cierta humanidad y habilidades interpersonales, siempre útiles para reclutar talento y recaudar dinero.

Algunos capitalistas de riesgo tienen tests de personalidad para ayudar a eliminar a los primeros. Otros enfatizan su tolerancia por la manía moderada, aunque sólo porque iniciar un negocio es, a simple vista, hasta cierto punto una locura.

“Necesitas creer en lo inverosímil para iniciar una compañía, porque muchas personas te dirán que no se puede hacer lo que estás haciendo, y que si se pudiera, alguien ya lo habría hecho”, dice Paul Maeder, socio general en Highland Capital Partners, firma de capital de riesgo en Lexington, Massachusetts. “Es algo medio loco”.

Uno de esos emprendedores “medios locos” que Highland Capital consideró que valía la pena apoyar con 750 mil dólares fue Seth Priebatsch, un joven de 21 años que fundó un negocio llamado Scvngr para construir “la capa de juego encima del mundo”. Para mantener el ritmo de sus pensamientos y conversación a niveles manejables, Priebatsch corre en una pista todas las mañanas hasta que literalmente se desploma. Puede trabajar 96 horas seguidas, planea vivir en su oficina y cualquier cosa que lo distraiga a él y a sus colegas es “malévola”.

“Scvngr es un juego que juegas en tu teléfono”, explica Priebatsch. “El juego te permite competir y ganar premios en tiendas, gimnasios, teatros, museos y más.

“Estamos jugando en todo momento, ¿no?”, comenta. “La escuela es un juego; sólo que es un juego muy mal diseñado”. Las tarjetas de crédito American Express, con su estatus ascendente, de verde a dorado y luego a negro, son un juego. También lo son las millas de viajero frecuente.

“Pero la dinámica de los juegos no está conscientemente apalancada de ninguna manera significativa, y Scvngr hace eso”.

Esto, aparentemente, tiene enormes implicaciones. “Si podemos llevar la dinámica de los juegos al mundo, éste será más divertido y más recompensante”.

El temperamento hipomaníaco de grandiosidad no está limitado a los emprendedores. Se encuentra en la política (Theodore Roosevelt), en el Ejército (George S. Patton) y prácticamente en cualquier campo donde los riesgos gigantescos rinden enormes recompensas.

Sin embargo, el mundo de los negocios ha contribuido su buena porción de hipomaníacos. Se puede argumentar que el más folclórico de esta especie fue Henry Ford.

“Él es la personificación del espíritu desquiciado y emprendedor”, dice Douglas G. Brinkley, autor de “Wheels of the World” (Ruedas del Mundo), un libro sobre Ford y su compañía. Ford podía ser tanto una persona encantadora como un imbécil despiadado. Con los empleados, era un autócrata que nunca toleraba la disensión.

Casi todas las conversaciones sobre los hipomaníacos contemporáneos inician con Steven P. Jobs, director general de Apple. Al igual que Ford, es un extraordinario vendedor, y también es descrito como un déspota y fanático del control con mal carácter, dice Leander Kahney, autor de “Inside Steve’s Brain” (Al Interior del Cerebro de Steve).

Los expertos en estudios organizacionales tienden a dividir al mundo en “líderes transformacionales” (el grupo que incluye a los hipomaníacos, por supuesto) y “líderes transaccionales”, que son gerentes consistentes que saben delegar, escuchar y establecer objetivos alcanzables.

Ambos tipos de líderes necesitan ganarse a los empleados para su causa, pero los emprendedores deben reclutar y motivar cuando una compañía es poco más que un atisbo de una gran idea.

Maeder aún se pregunta si Scvngr constituye el andamiaje de un negocio importante. Al mismo tiempo, considera la inversión de 750 mil dólares como una apuesta a Priebatsch tanto como una apuesta a su compañía.

“Seth tiene una mente muy fértil; simplemente sabes que atraerá a gente grandiosa a la compañía”, afirma, “y las ideas seguirán fluyendo y cambiando hasta que encuentre algo grande”.

Uno también tiene la sensación de que Priebatsch no parará, aún si Scvngr resulta un triunfo glorioso.

“Me gusta ganar”, dice. “Soy adicto al acto de ganar, al proceso. Cuando estás en el acto de ganar, todo es grandioso. Una vez que has ganado, es aburrido. Es padre, es mejor que haber perdido, pero es aburrido”.

Los grandes montones de dinero tampoco lo harán bajar el ritmo.

“No estoy en contra del dinero”, dice. “Me gustan las motos bonitas y las computadoras bonitas. Me gusta que el dinero es una representación del éxito, pero el dinero en sí no me parece interesante. Hay pocas cosas que querría que no tengo, y las cosas que quiero, no se compran con dinero”.

“Necesitas creer en lo inverosímil para iniciar una compañía, porque muchos te dirán que no se puede hacer lo que haces”.

PAUL MAEDER

Socio general de Highland Capital

 

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Responses

  1. Desde ARGENTINA… La opinión de Rafaela…

    Economía

    ¡El éxito es cosa de locos!

    Agregale un poco de locura productiva a tu vida y recibí los mayores y más sinceros deseos de Pasión, Productividad, Prosperidad, Paz y Plenitud. Ningún progreso en la historia de la humanidad ha provenido de gente “razonable” ni de gente “normal”. Toda gran avance, todo gran logro -colectivo ó individual- es producto de locuras.

    Cuatro Condiciones Mentales para Triunfar:
    Si por “loco” calificamos a todo aquello que se sale de la norma, definitivamente hace falta un toque de locura para conquistar nuestros sueños.
    Pensalo por un momento: lo normal para la inmensa mayoría de las personas es vivir para trabajar; es conformarse con lo que tienen; es anular sus ambiciones en pro de una vida más “realista”; es pasar los días sin grandes emociones para luego llegar a echarse frente al televisor – para entonces distraerse al ver pasivamente cómo ficticios personajes sí viven sus irreales vidas.
    ¿Y no es acaso eso -dejar que la vida pase sin vivirla a plenitud- la verdadera locura?
    Loco es -según una de las acepciones del diccionario- aquel que no tiene normales sus facultades mentales. Pero ¿qué es lo normal?
    Para ser franco, es preferible pasar por loco mientras se disfruta el proceso de lograr lo que más nos apasiona en la vida.
    Albert Einstein apuntaba que la locura estaba en pretender obtener resultados diferentes haciendo siempre lo mismo. ¿Cuánta gente hay por ahí deseando que su vida -su pareja, su trabajo, su ciudad, su país o el mundo entero- cambie, pero sin estar dispuesta a hacer nada por cambiar?

    ¿Quién es el loco después de todo?

    ¿El que apaga sus ambiciones y se conforma con menos? ¿O el que determina que sus sueños son más importantes que su comodidad y sus miedos? De entrada, para muchos el soñar ya es cosa de locos. “No sueñes porque vas a sufrir”, te dicen. “Es mejor que te acostumbres a lo que tienes”, te sugieren. “Sé gentil con vos mismo y no te exijas demasiado”, recomiendan. Pero ¿acaso no preferís ser un loco apasionado que un “normal” apagado?
    Ningún progreso en la historia de la humanidad ha provenido de gente “razonable” ni de gente “normal”. Toda gran avance, todo gran logro -colectivo o individual- es producto de locuras.
    George Bernard Shaw no lo pudo decir mejor: “El hombre razonable se adapta al mundo; el que no lo es insiste en adaptar el mundo a sí mismo. Por lo tanto, todo progreso depende de quienes no son razonables”.
    Ideas fuera de lo común, emociones más allá de lo usual, acciones impensables por la mayoría. Eso es lo que mueve al mundo. Y eso es lo que tiene el poder para impulsar la vida hacia una mejor y mayor expresión y goce de su existencia.
    Claro está, no toda locura es constructiva. Pero aquí hablamos sólo de aquellas cosas que son productivas y eficaces, pero que por ser ajenas a lo que la mayoría piensa, siente o hace, tienden a ser rechazadas o invalidadas.
    Hay un hecho: la gente de éxito hace lo que la mayoría -por ignorancia, miedo o conformismo- no hace.
    Quienes obtienen resultados extraordinarios -en sus relaciones personales, en sus trabajos o negocios, en sus finanzas, en su salud, en su habilidad para disfrutar y gozar a plenitud- ponen en práctica lo que el 99% de las personas, esas que se quejan y se sienten víctimas, tienden a ridiculizar o a menospreciar.
    Si querés darle un toque de “locura” a tu vida para desarrollar aún más tu potencial de éxito, incorporá en vos estas cuatro “condiciones mentales” indispensables para triunfar:

    Esquizofrenia Potenciadora

    Para progresar hace falta ver las cosas mejor de lo que son. Hace falta desarrollar la capacidad para ver más allá del horizonte marcado por nuestras actuales circunstancias.
    En este sentido, el éxito requiere de la capacidad de “desconectarnos” de nuestra realidad presente para visionar en nuestra mente lo que queremos materializar.
    Tenés que ser capaz de ver más allá de tus problemas y por encima de tus obstáculos. No para obviar lo que hay ante ti; no para evadirlo ni negarlo; mas sí para generar la claridad y la fuerza que te van a permitir salir adelante.
    “¿Es que no estás viendo que no se puede?”. “¿Es que no te das cuenta de cómo son las cosas?”. “¿En qué planeta vivís?”. Este tipo de frases son empleadas con frecuencia por escépticos que, por estar tan inmersos en una percepción negativa o limitada de la situación, buscan debilitar cualquier intento que pueda demostrar lo contrario -que sí hay posibilidades, que sí hay algo más allá, que todavía hay otras cosas por intentar, que sí se puede.
    Sobre todo cuando lo que estás viviendo te golpea o simplemente no es de tu agrado, necesitás potenciarte con una mirada de futuro que llene tu espíritu de la fe, la pasión y la determinación por surgir y triunfar.

    Paranoia Positiva

    Las situaciones no vienen con un significado de fábrica. La etiqueta de “mala” o “buena”, de “amenaza” u “oportunidad”, de “fracaso” o “aprendizaje”, se las ponés vos. Y vos podés elegir el significado que te potencia en vez de aquel que te frena.
    La paranoia positiva es el hábito mental de asignarle a lo que te sucede un significado positivo a priori. Antes siquiera de conocer bien la situación, presumir que de ella podrás sacar algo positivo. Es desplazarte por la vida desde la convicción de que todo lo que te sucede ocurre por alguna razón, y esta siempre sirve a tu evolución. Lo contrario es verte como una víctima a la merced de las circunstancias.
    Y esto paraliza y apaga tu potencial de progreso.
    El éxito requiere superar obstáculos, solventar problemas y vencer adversidades. Para avanzar y lograr lo que querés, atrevete a ver lo positivo detrás de lo que la mayoría percibe como lo peor.

    Obsesión Productiva

    La grandeza no es tanto el producto de grandes acciones, sino de pequeñas cosas realizadas una y otra vez.
    Y no de cosas dispersas hechas al azar, sino de pensamientos, emociones y acciones enfocadas en el logro de un propósito específico.
    Para alcanzar tus sueños necesitás de enfoque y persistencia. Es tomar una visión y desarrollar una magnífica obsesión por verla concretada.
    Es mantener en tu mente, sin poder apartarla, la determinación de lograr lo que querés. Es vivir desde la pasión por aquello que deseas.
    Es buscar cada día cómo avanzar hacia tus metas. Es cuidar tu tiempo para que no se te vaya de las manos sin haber progresado.
    Es despertarte temprano y acostarte tarde pensando en lo que querés y en cómo aprovechar al máximo tus horas. Es poner tu determinación por encima de tus excusas -porque estás enfocado, como genio apasionado, en el logro de lo que te has atrevido a soñar.

    Adicción a la Acción

    Si hay una clave para el éxito, es esta: ¡Ponete en acción!
    La verdadera locura es querer que las cosas cambien, sin estar dispuestos a hacer nada. La verdadera irracionalidad es soñar con algo mejor, y nunca moverte hacia allá. O peor aún, no hacer nada porque se perdió la fe y la pasión por una mejor vida.
    La adicción a la acción implica la disposición a equivocarte, porque esto último es preferible a paralizarte. Del error podés ganar, como buen paranoico positivo, aprendizaje y sabiduría. Pero en la parálisis estás perdiendo tiempo.
    ¿Qué puedo hacer hoy para avanzar hacia lo que quiero?
    Hacete constantemente esa pregunta. Asegurate, por supuesto, de poner en acción tus repuestas. No importa que no sea la acción “perfecta”; lo importante es que tenés algo para seguir en movimiento y acelerará tu progreso.
    El éxito parece ser cosa de locos. No es para cualquiera. Es para quienes estemos dispuestos a darle un toque de irracionalidad constructiva a nuestra vida.
    Hace falta un poquito de locura para ver más allá de lo que hoy es; porque es más allá del horizonte de nuestras actuales limitaciones donde se encuentra el universo de las posibilidades.
    Hace falta romper con los esquemas de la mayoría para atrevernos a alzar una voz positiva ante la mirada negativa de las masas; porque es en ese acto cuando nos constituimos como superiores a nuestras circunstancias.
    Hace falta un toque de obsesión para perseverar y vencer las excusas que muchos usan como sus “verdades”; porque en esa actitud yace la fuerza para materializar lo que queremos.
    Hace falta una cierta manía para no dejar que el tiempo se vaya sin haberle exprimido el jugo; porque tu vida es lo que hacés de ella.
    ¿Y vos? ¿Estás dispuesto a vivir con un toque de locura?

    ¡Feliz día!

    Recopilación: Claudio Giannetti

  2. thanks


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