Posteado por: Alvarolopez50 | abril 25, 2011

Los Chinos van a lo que van!!!!

Esto es no perder el tiempo en discurso y elecciones…

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Prefieren prosperidad a democracia

PORTADA. Clase media china está dispuesta a tolerar autocracia. Disturbios árabes frustran perspectivas de reformas

Andrew Jacobs

(10 abril 2011).- Beijing

DURANTE LOS CASI 40 años transcurridos desde que el Presidente Richard M. Nixon estableció lazos diplomáticos con la China comunista, los políticos estadounidenses se han aferrado a la idea de que las crecientes filas de emprendedores y profesionistas con aspiraciones de ese país un día encontrarían irresistible a la democracia electoral. Sin embargo, un paseo por uno de los centros comerciales más elegantes de la capital rápidamente acaba con esas nociones idealistas -y, en cambio, hace que uno se pregunte si los autócratas de China han encontrado un modelo flexible de gobierno a largo plazo.

En el centro comercial Oriental Plaza, jóvenes profesionistas vistiendo marcas Nike y Abercrombie & Fitch profesan abiertamente su admiración por la forma de gobierno del Partido Comunista. “Cualquier cambio en el sistema político simplemente enviaría a China al caos”, dijo Guo Ting, una auxiliar de oficina de 30 años. “Nuestros líderes hacen un buen trabajo”.

Oficinistas estudiados, como Guo, son emblemáticos de una clase media china cada vez más confiada en sí misma, dispuesta a disculpar al Gobierno por sus censuras e imperfecciones. Para este grupo, tales fallas pesan menos que el ininterrumpido crecimiento económico de dos dígitos que el régimen ha presidido, y ha llegado a apreciar la estabilidad social que viene con el gobierno autocrático.

Eso no quiere decir que no exista una oposición al estatus quo. Los campesinos desposeídos regularmente toman las calles en protesta por tierras decomisadas. Los disidentes siguen llamando al pluralismo, aunque las autoridades los suprimen cada vez más por temor a que una “revolución del jazmín” estilo árabe pudiera afianzarse aquí. Y jóvenes desafectos comparten en línea críticas incisivas a sus líderes -hasta que los censores eliminan los comentarios.

Sin embargo, la mayoría de los expertos occidentales coincide en que los comunistas gobernantes no corren peligro de ser destituidos pronto. “Han demostrado ser mucho más flexibles que países como Egipto y Túnez”, dijo Kevin O’Brien, experto en China en la Universidad de California, en Berkeley.

Tal habilidad darwiniana para evolucionar surgió de la experiencia del partido en 1989, cuando estudiantes e intelectuales ocuparon la Plaza Tiananmen durante siete semanas, para exigir elecciones libres y un fin a la corrupción y a las restricciones a la prensa. En los años transcurridos desde que reprimió con violencia dichas protestas, el régimen ha encontrado una manera de satisfacer lo suficientemente al pueblo como para disuadir a la mayoría de los ciudadanos de arriesgarse a manifestarse en las calles en pro de la democracia.

Hasta hace poco, el liderazgo de China también ofrecía la promesa de una reforma política gradual, aunque los recientes disturbios árabes y los preparativos para un cambio en el liderazgo el próximo año, de hecho han acabado con tales perspectivas.

No obstante, la vida ha mejorado indudablemente para la mayoría de los chinos. Durante los últimos 20 años, los ingresos urbanos anuales per cápita se han elevado más del triple, a 3 mil 100 dólares al año; la expectativa de vida ha subido más de seis años, a una edad promedio de 75; y la cantidad de analfabetos adultos ha caído por 46 millones. Las ciudades chinas encarnan el optimismo de la nación. “Un crecimiento del 10 por ciento resuelve muchos problemas”, indicó O’Brien.

Pero el crecimiento económico por sí solo no explica la propagada aversión al cambio político entre intelectuales y profesionistas. Para los 70 millones de miembros del partido y la creciente clase empresarial, la actual estructura ofrece enormes ventajas para aquellos que acatan las reglas. Los beneficios pueden incluir préstamos con bajos intereses de bancos estatales y la tolerancia de una burocracia todopoderosa que podría aplastar a una compañía que trate de arrancar fuera del privilegiado club de gigantes paraestatales.

Li Fan, director del Instituto Mundo y China, una organización no gubernamental en Beijing que estudia la reforma política, dijo que la democracia electoral pondría en peligro los beneficios que gozan las élites empresariales bajo el sistema actual. “Quienes han prosperado gracias a la reforma económica no tienen interés en compartir el poder o los beneficios de la prosperidad con los que están debajo de ellos”, señaló.

Lo mismo puede decirse de los 300 millones de miembros de la clase media china, muchos de los cuales creen que el sufragio universal daría poder a sus hermanos pobres de áreas rurales. Se tiene la creencia común, incluso entre los estudiantes universitarios idealistas, que los campesinos chinos son demasiado incultos como para seleccionar inteligentemente a los líderes de la nación. Como dijo en una entrevista en el 2000, Jiang Zemin, el entonces Presidente chino, “la calidad de nuestro pueblo es demasiado baja”.

La demonización de la democracia emana de líderes como Wu Bangguo, el principal legislador del partido, quien en marzo advirtió a la nación que la democracia electoral llevaría a China “al abismo del desorden interno”.

Aunque la mayoría de los chinos en ascenso social no está ansiosa por hablar de ello, hay otro freno persuasivo a la agitación pro democracia: Liu Xiaobo, quien pedía un fin al gobierno unipartidista, fue sentenciado a 11 años en prisión bajo cargos de subversión. Ni siquiera su Premio Nobel de la Paz, otorgado en octubre del año pasado, hizo algo para mitigar su difícil situación, ni ha minado el fervor del Gobierno por la represión: en semanas recientes, alrededor de 50 intelectuales públicos, abogados de los derechos civiles y bloggers, entre ellos Ai Weiwei, prominente artista que ayudó a diseñar el estadio olímpico Nido de Pájaro de Beijing, han sido detenidos o “desaparecidos” como parte de una nueva y ominosa campaña contra la disensión.

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