Posteado por: Alvarolopez50 | mayo 31, 2011

Los Hombres y sus Instituciones: Guillermo Cosío


Guillermo Cosío Vidaurri Foto Archivo El Informador

GUILLERMO COSÍO VIDAURI… En este andar del tingo al tango, ejercicio que cada día nos lleva a diferentes aventuras, las experiencias y cercanías con Xavier Zaragoza Núñez, Xavier Hidalgo y Costilla, Luis Enrique Villanueva, los mismos personajes de la política de los que escribo, refiero o estudio… las participaciones en conferencias y presentaciones de libros como eventos en el paraninfo con Jorge Humberto Chavira, Jose de Jesús Covarrubias Dueñas, José Trinidad Padilla y los clientes como Canal 44 que me acercan a Raúl Padilla López van a ofrecer un magnífico antecedente para estar dos horas con el ExGobernador Guillermo Cosío Vidaurri en sus oficinas del fraccionamiento Jacarandas.

La charla nos llevo a diferentes temas, lugares y personajes, pasamos de la política a los amigos, a las alianzas y a las visiones de un octogenario personaje que como otros amigos a los que refiero como Constancio Hernandez Allende, llevan un registro intachable de anécdotas, eventos y fechas impresionantes.

La vida de Guillermo Cosío Vidaurri es vasta, rica en personajes e historias, con grandes contrastes de júbilo, de retos y grandes tropiezos.

Hombre del poder, con poder y con mesura, con perspectiva y tolerancias, con misiones cumplidas y en etapa de reconocimientos.

Don Guillermo me abre el portón de sus recuerdos, de su juventud al lado de otro puñado de jóvenes de su edad, que incursionan sin miedo por las instituciones de los diferentes poderes de la república. Con un comienzo en la política que inicia fuera de Guadalajara, en la región de Ameca de la cual se desprenderá su inicio en el poder Legislativo. Su fuerte vínculo con otro Gobernador y prócer de Jalisco Don Juan Gil Preciado será posterior a lo que todos imaginamos.

Es en el PRI donde se asienta, antes de perder  la perspectiva incursionando en otras propuestas de izquierda que no ofrecen futuro (antes de llegar con Don Juan Gil y si vinculados a Raúl Padilla Gutiérrez). La carrera hoy no termina, cada día represeta nuevos retos, nuevas metas que sabe bien hoy Don Guillermo son para ser enfrentadas por las nuevas generaciones ávidas como el en sus albores de conquistas en terrenos que hoy la tecnología y acceso a la información facilitan o complican más en conocimiento en temas de gobernabilidad, de alianza y de administración pública.

Político de excelencia, prudente antes de emitir sonido por su boca, sabedor de todas las intrincadas veredas del desarrollo y evolución humana. Viejo lobo de mar, sobreviviente  a una generación de grandes personajes de Jalisco, como lo son Alberto Orozco Romero, Francisco Medina Asencio, Juan Gil preciado en esta localidad y otras grandes referencias como Milton (Melitón) Castellanos Everado Chiapaneco Gobernador de Baja California y Rodolfo Chávez Carrillo que de Colima emigrará a desarrollar el proyecto urbano “Río Tijuana” primera sección de la modernidad y desarrollo inigualable de los 70 a los 80 de la frontera latinoamericana.

Don Guillermo Cosío me recuerda a otro personaje que delicado de salud hoy también me lleva a mi propia historia en Tijuana “La bella” Federico Valdez (presidente municipal de Tijuana y mi excasero) a quién mando un saludo desde esta trinchera.

La experiencia de recordar a estos hombres importantes en mi vida, así como de las historia de Mexicali con Eduardo “El Negro” Martínez Palomera, Francisco (Quico) Santana, Mario Hernández Maytorena “El ricachón…” son memoralias que alimentan con mucha energía mi historia.

Cierro este ejercicio con una carta que me facilita don Guillermo Cosío y que me hace llegar la cual transcribo íntegra, que sirve de marco en el aniversario luctuoso de Adoldo López Mateos Presidente de México, hace algunos días solamente teniendo como testigos a otros grandes personajes de la política nacional actual.

Palabras pronunciadas por el Lic. Guillermo Cosío Vidaurri en el acto conmemorativo del XXXIX Aniversario del fallecimiento del Lic. Don Adolfo López Mateos, Presidente de México de 1959 a 1964, evento celebrado en Atizapán de Zaragoza, Estado de México, el lunes 22 de septiembre de 2008.

Referencia Gráfica a Don Adolfo López Mateos

Señor Licenciado Don Enrique Peña Nieto,

Gobernador Constitucional del Estado;

Señor Presidente de la Honorable Legislatura del Estado;

Señor Presidente del Honorable Tribunal Superior de Justicia del Estado;

Respetables autoridades del Municipio de Atizapán de Zaragoza;

Estimados familiares del señor Presidente Adolfo López Mateos;

Distinguidos invitados de diversos lugares del País;

Señor Licenciado Jesús Cortazar Murphy, desinteresado mantenedor de los bianuales homenajes a el ilustre patricio mexiquense ;

Ciudadanos de Atizapán y del Estado de México;

Señoras y Señores;

Jóvenes estudiantes:

En múltiples ocasiones, en eventos como éste en el cual nos encontramos, se ha hablado con amplitud de las grandes virtudes y cualidades de  que fue poseedor el señor Licenciado Don Adolfo López Mateos. Empero, no temo repetir una vez más algunos de los conceptos ya expresados en su honor, pues siempre será positivo hacer mención de ello en el afán de enaltecerlo. Muchos de quienes aquí nos hemos dado cita, convocados por el Jefe del Poder Ejecutivo de su Estado natal, el señor Licenciado Don Enrique Peña Nieto, tuvimos oportunidad de conocer personalmente pormenores de la vida del  homenajeado o bien, los hemos escuchado aquí mismo en actos auspiciados por el Gobierno de la Entidad, o como en mi caso, de labios de  Luis Donaldo Colosio en una solemne ceremonia organizada por el Gobierno Federal, celebrada en un día como hoy del año de 1993. No obstante, repito:  no  nos cansaremos de escuchar y expresar loas para nuestro homenajeado, pues al  hacerlo es para tenerle siempre presente y recordar su obra.

En ocasiones se ha comentado acerca de su aire juvenil y maduro al mismo tiempo; de su inagotable capacidad para estrechar relaciones humanas; de su vibrante oratoria,  refiriendo sus celebres discursos como representante de la Escuela Preparatoria Nocturna del  D. F. en el año de 1929, en cuya etapa alternó  con la espléndida generación de jóvenes de aquella época, en la que destacaron luminarias de la oratoria como el oaxaqueño Roberto Ortiz Gris y el jalisciense Juan Pablo Guzmán Alemán,  certamen en el que el estuvo a su misma altura,  debido a lo brillante de sus intervenciones.

Se han recordado sus naturales dotes de Gobernante y la mística revolucionaria que muy joven le propició ser funcionario del naciente P.N.R. y años después Secretario General de P.R.I.,  para en ese cargo constituirse en sólido impulsor de la candidatura de Don Adolfo Ruiz Cortínez. Esfuerzo que le fue premiado, invitándosele a ocupar el delicado cargo de Secretario del Trabajo, y digo delicado, por cuanto que aún estaban latentes los recientes conflictos de los ferrocarrileros y el no menos preocupante de los mineros.

Al través de estas palabras no trataré de abundar en muchos de  esos antecedentes y tan sólo orientaré   mis conceptos reseñando vivencias casi personales relativas a esa época, en la que yo tuve la oportunidad de contemplarle  de cerca.

Rendir homenaje a López Mateos en el Aniversario de su fallecimiento  es repasar la historia nacional;  revivir pasajes importantes del acontecer de México, y recordar con ello a uno de los grandes Presidentes que tuvo el País en el Siglo pasado y López Mateos, indiscutiblemente, que fue uno de ellos. Tuvo señorío, prestancia, galanura. Fue querido y respetado por hombres y mujeres y enaltecido por todos lo que aquilataron sus virtudes ciudadanas.

Por eso estamos aquí los que lo conocimos, y que de alguna manera coincidimos con él en el tiempo,  y tuvimos oportunidad de verlo, observarlo y admirarlo.

Yo fui uno de ellos; joven aún, coincidí en su época. Lo vi a corta distancia en su campaña a la Presidencia de la República; era jovial, comunicativo, abierto, obsecuente, cariñoso con las mujeres y los niños que alborozados acudían a sus actos de campaña.

Lo  observé,  siendo ya Presidente, muy cerca del Pueblo. Aún recuerdo cómo al inaugurar en Guadalajara la Calzada de los Músicos, dentro de Parque del Agua Azul, dedicada a enaltecer a quienes habían cantado a Jalisco, al saludar entre otros interpretes  a las Hermanas Águila y a Lupita Palomera, abriendo  los brazos cariñosos, se refirió a ellas diciéndoles:  “mis muñequitas preciosas”. Habría que haberlas visto, llegar rendidas al abrazo y embelesadas por el halago de quien era  Presidente. Un ser humano que aquilataba en toda su valía la naturaleza sensible de aquellas damas,  a quienes él, merecedor de pleitesía, las homenajeaba personalmente reconociendo su aporte al arte musical y a la grandeza nacional.

Así era él: cariñoso, sencillo, bohemio, si cabe decirlo; hermanado con su pueblo y presto a contagiarse  de sus goces, sus penas y sus alegrías.

En sus afectos cabíamos todos: mujeres, niños, jóvenes, hombres maduros; mexicanos autóctonos; mexicanos por adopción y extranjeros que hicieron de México su patria, y esto podrían confirmarlo aquellos libaneses a quienes rindió homenaje fervoroso, situándolos como ejemplo de fraternidad, y podrán expresarlo también los refugiados españoles, a quienes en más de una ocasión les recordó con especial sentido fraternal que ellos eran parte nuestra y que si México, en tiempo de Lázaro Cárdenas, les había franqueado las puertas del País, con él en el Gobierno las seguían teniendo abiertas de par en par  y podían,  con derecho,  considerarse integrantes de esta patria generosa, la que nunca desconocería el gran aporte que ellos hicieron a nuestra cultura.

Dotado de garbo y prestancia innata, como Presidente nunca perdió compostura. Actuó siempre como debía de hacerlo: con altura, acorde con su rango;  con gran dignidad y auténtica gallardía. Jamás dio margen para que hiciesen la menor burla de él y debe enfatizarse que en el extranjero invariablemente recibió el respeto irrestricto y las debidas atenciones  a su alta investidura. Él,  tampoco trastocó el ceremonial o el protocolo de las Naciones visitadas; ni uso botas de charol vistiendo frac, ni se besó ostensiblemente en los balcones del Vaticano.

Respetuoso como él era de las tradiciones y costumbres populares, una tarde en Guadalajara, a donde había llegado en medio de un ambiente festivo, le escuché pedir al mandatario jalisciense que ordenase callar las campanas que tañían dándole la bienvenida. Lo hizo así,  al enterarse con pena que en esa misma hora el pueblo jalisciense  – extremadamente católico –  se dolía porque  acababa de morir el Papa, Jefe de la Iglesia y merecedor del respeto ciudadano, expresándole así al pueblo católico, con su silencio, su plena solidaridad.

Demostró que por encima de su formación laica y extremadamente  liberal,  estaba el ser humano; señalando fehacientemente que ante todo sabía ser copartícipe  del duelo que embargaba a quienes como creyentes contritos lloraban  la pérdida de su Pastor.

Por eso fue admirado y querido por todos. Su dolorosa partida la sentimos sus correligionarios; sus amigos, y obviamente, mucho más, sus familiares, a quienes les expreso mi profunda consideración. Pero además y en   demasía, toda la Nación que lloró su partida y que hoy  a treinta y nueve años de su muerte sigue  recordándole como uno de los grandes Presidentes de la República Mexicana.

Uno de los que verdaderamente sintieron de cerca el cariño popular; al que  él le fue recíproco,  entregándose sin  descanso a su servicio y sin actitudes demagógicas.

Lo hecho durante su mandato fue auténtico: real y sentido por el pueblo. Sus obras y aciertos lo atestiguan. Ahí está el Plan de Once Años para la Educación, el que de haberse continuado tal y como fuera concebido, no estaríamos hablando ahora de seis millones de iletrados. Patente fue la distribución masiva de millones de libros de texto gratuitos, exentos de mutilaciones y deformaciones; el  fabuloso  reparto de desayunos escolares y la multiplicación de planteles en todo el territorio nacional.

Pero asimismo, en otro rubro de su administración:  la nacionalización de la industria eléctrica y la victoriosa batalla para recuperar territorio patrio que cien años atrás nos había sido sustraído.

Hablan también de su quehacer creativo:  la Reforma Democrática que instauró los Diputados del Partido y posibilitó el arribo al Congreso de hombres tan valiosos como Vicente Lombardo Toledano, Adolfo Cristhieb Ibarrola y Juan Barragán; así como  la del  Artículo 107 de la Constitución, acción auténticamente revolucionaria  dispuesta en apoyo de  los campesinos supliendo en los Juicios de Garantías  deficiencias jurídicas que posibilitaban su desamparo frente a las maniobras de terratenientes poderosos y líderes inescrupulosos.  Evitando asimismo, que por deficiencias propias de su precaria situación, les fuese decretada  la caducidad de la instancia en los juicios por ellos promovidos, impidiendo también, con esa reforma, que dirigentes venales  pactaran desistimientos procesales a sus espaldas.

Por otra parte, se ha señalado con razón: que el internacionalismo del Presidente López Mateos fue la expresión acrisolada de su patriotismo y radicó en la defensa irrestricta de la soberanía de México y de su capacidad para mantener sin diferencia relaciones  con cada una de las naciones de la tierra.

¡Justa y correcta apreciación de la dimensión de nuestra Patria!. Ni por encima de otras naciones, ni por debajo de ninguna.  Porque la soberanía de cada  pueblo debe respetarse al máximo, sin distinción de posibilidades económicas, culturales o políticas.

Hoy, en que estamos inmersos en un proceso de avenimiento para normalizar de manera absoluta las relaciones con Cuba – que  en algún momento se vieron empañadas por la estulticia de un mandatario irreflexivo – valdría  la pena tener siempre presentes los dictados de la política exterior Lopezmateista; la que de manera admirable, pese a que nuestro País por su posición geográfica se encontraba en el ojo del huracán de la llamada guerra fría, supo guardar los equilibrios necesarios para mantenerse al margen de disputas geopolíticas, aplicando con sapiencia y sabiduría el apotegma Juarista de que “El respeto al Derecho ajeno es la Paz”.

La generación de jóvenes políticos que se inició en las postrimerías del Alemanismo; que creció al calor de la campaña de Don Adolfo Ruiz Cortínez;  que embarneció en la del propio López Mateos,  y adquirió  madurez siendo él Presidente de la República, no lo ha olvidado, ni lo olvidará.

Lo recordaremos siempre  como fue: un gran Presidente, un político que prestigió a su cargo; que siendo hombre bien nacido actuó  como debía y a quien nadie podrá desconocerle sus magníficos aportes para engrandecer a nuestra Patria.

Su labor estuvo a la medida de su altura: grande, digno y vertical en su conducta.  Hombre exento de sectarismo e insanas pasiones,   forjado en la escuela laica y celoso  de sus principios liberales.

En este nuevo Aniversario de su fallecimiento lo tenemos presente y lamentamos que el País se encuentre inmerso en un clima de violencia e inseguridad,  y rayando en un terrorismo que todos censuramos y repudiamos, y además, en condiciones económicas difíciles provocadas tanto por la inestabilidad de los mercados internacionales, como  por erróneas políticas internas que son responsabilidad del Gobierno Nacional, el que con incierta brújula está  llevando a la Nación a la deriva,  a la ingobernabilidad y a una intranquilidad que se palpa por doquier.

Se afirma: que al servicio público debe entregarse, quien elija ese camino, con todas sus fibras y sentidos; con corazón y cerebro y así lo hizo López Mateos hasta que las fuerzas y su salud se lo  permitieron.

Al recordarlo con toda emoción podemos decir que él, como Presidente de la República supo ponerse a la altura de su pueblo para atender y paliar sus necesidades, cumpliendo el compromiso que hizo el 10 de septiembre de 1958, cuando dirigiéndose a la Comisión de Diputados Federales que le comunicó haber sido declarado Presidente electo de los Estados Unidos Mexicano, dijo a ellos: “Por su conducto, deseo reiterar a todos los sectores del pueblo, mi decisión de trabajar incansablemente por la grandeza de la Patria, y en beneficio de todos y cada uno de sus hijos sin distinción”.

 

Sin eufemismos, podemos decir: Adolfo López Mateos sirvió al País y a los mexicanos con entrega plena, sin escatimar tiempo y esfuerzos y entregándose por entero a México con alma, vida y corazón.

Señor Gobernador Enrique Peña Nieto. Gracias por haberme permitido participar en el justo homenaje que usted y su pueblo han rendido a un mexicano de excepción, a su coterráneo Don Adolfo López Mateos.

Muchas gracias.

Lic. Guillermo Cosío Vidaurri

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