Posteado por: Alvarolopez50 | junio 27, 2011

Tema de mucha reflexión…

Javier Sicilia… enfoque, medios, reflexiones… momento FELIPE CALDERÓN y muchas aristas que hay que observar, que hay que analizar, especialmente la forma mediática como la muestran los medios… he aquí varios enfoques, varias visiones, varias circunstancias de un México que nos ocupa en primerísimo plano.

Desde la Presidencia VIDEO DE TRES HORAS sin intervención o comentarios de comunicadores o periodistas que posteriormente exhiben sus posturas y plataformas mediáticas con diferentes intensiones:

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Responses

  1. Comentarios de otros medios…

  2. Aristegui…

  3. Continuación… Aristegui

  4. Este es de Alvaro Cueva, endosado por Jorge Zepeda Patterson…

    Calderón y Sicilia, abrazados
    OJO POR OJOÁlvaro Cueva

    2011-06-26 • ACENTOS
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    Me siento muy mal conmigo mismo porque se supone que debería estar verdaderamente contento por lo que pasó la mañana del jueves pasado entre Javier Sicilia y Felipe Calderón, pero no, no es así.

    Por más que me trato de convencer de que aquello fue maravilloso y a pesar de que muchos de mis amigos más queridos se la han pasado diciéndome que ahora sí México se va a unir y va a cambiar, no me la creo.

    Debo ser la criatura más pesimista del universo, pero ese encuentro entre el Presidente y algunos de los familiares de las miles de víctimas de la guerra contra el crimen organizado que todos estamos padeciendo se me hizo un vil evento de relaciones públicas.

    ¿Usted ha estado alguna vez en un evento de relaciones públicas?

    Normalmente se organizan para que la gente hable bien de algo, en un salón muy elegante, con un paquete de discursos prefabricados y con una buena cantidad de fotógrafos para que quede testimonio de que fueron quienes tenía que ir y de que todos terminaron satisfechos, felices y hermanados.

    Al principio, la postura de don Javier era muy clara, valiente, casi heroica, y lo más vergonzoso era que Calderón, en lugar de mirarlos a los ojos y responder abiertamente a cada uno de sus señalamientos, bajaba la mirada y se ponía a leer textos escritos con anticipación.

    ¿Qué significa esto? Que el Presidente ya sabía lo que le iban a preguntar, que sus respuestas no eran suyas, sino las de un equipo de asesores y redactores, que todo estaba preparado, que aquello era una farsa.

    Pero pasaron dos situaciones con lo que nadie contaba: a Sicilia le ganaron las emociones (las buenas y las malas) y don Felipe aprovechó la oportunidad para quedarse con la fiesta.

    Debe ser tremendo para una persona común y corriente como Javier Sicilia encontrarse, un buen día, en una situación como la que usted y yo vimos en diferentes medios de comunicación.

    Estamos hablando de un escritor, de un poeta, de un padre de familia, no
    de un político, no de un empresario, no de un líder.

    Ni modo de decir que los asesores de Sicilia fracasaron. El corazón se impuso a la razón, la soberbia del fumador le ganó a la humildad de la víctima, y a partir de ese instante, todo fueron abrazos, fotos e intercambio de regalos.

    Frases célebres por aquí, apapachos por allá, que se vea que el Presidente está agarrando a la mamá que nos contó su tragedia. Nomás faltó Laura Bozzo.

    Y es que sí, reconozcámoslo, así estuvo de grotesco. Que si el perdón, que si el dolor, que si la ayuda.

    En eso acabaron las marchas y las protestas, en eso terminaron más de 40 mil muertos. En un talk show. Final de telenovela, final feliz. Todos a posar para la foto y que les pasen su ayudita.

    ¿Y las propuestas concretas? ¿Y los cambios específicos? ¿Y las acciones que van a evitar que más personas sigan muriendo de aquí a 2012?

    No sé a usted, pero ante eso, a mí me importa un cuerno si el Presidente pide perdón, llora o se rasga las vestiduras. Se trataba de transformar algo, de frenar muertes, de “no más sangre”, no de ir a platicar entre cafecitos, cigarros y vasos de agua.

    Para ver lágrimas, me asomo a la ventana. Para ver show, prendo la tele.

    En cambio, para ver al Poder Ejecutivo asumir sus responsabilidades y tomar cartas ante las demandas ciudadanas, para eso sí me pongo a ver un encuentro como el que se dio entre Javier Sicilia y Felipe Calderón. ¿Y qué obtuve? Nada.

    Sí, es un bonito detalle eso de que el Presidente permita que le reclamen en público pero, la verdad, si no va a pasar nada, mejor me leo las mismas reclamaciones y hasta otras peores en el Twitter y el Facebook.

    Es lo mismo: te dejo opinar, te dejo que me pegues, mira qué abierto soy, y pasada la avalancha, nos quedamos en las mismas.

    Por eso le digo, lo que usted y yo vimos entre Sicilia y Calderón fue un evento de relaciones públicas, un bonito acto protocolario para que la gente se ponga de buenas.

    Y, en efecto, miles de personas están felices desde entonces. ¡Qué gusto! Quisiera sentirme igual, pero no puedo.

    Tengo la impresión de que nada va a cambiar, de que cientos de personas seguirán muriendo y, lo más triste, de que nos volveremos a encontrar con los mismos temas en la siguiente marcha del próximo padre de familia al que le maten a alguien. Qué triste, ¿no?

    ¡Atrévase a opinar!

  5. Normalmente se organizan para que la gente hable bien de algo, en un salón muy elegante, con un paquete de discursos prefabricados y con una buena cantidad de fotógrafos para que quede testimonio de que fueron quienes tenía que ir y de que todos terminaron satisfechos, felices y hermanados.

  6. Javier Solorzano & Diputada Esthela Damian Peralta:

    http://www.youtube.com/user/politicaypoliticosmx#p/u/0/AOt9RIPzDjA

  7. De nuevo el enlace anterior:

  8. Este es el porqué Sicilia pasa a formar parte del “Establishmen” que sin querer lo comienza a envolver…. en breve estará abogando por las víctimas del 22 de abril, o las del terror de 68…

  9. Palabras y razón

    FEDERICO REYES HEROLES:

    El diálogo en Chapultepec ha sido el mejor en su estirpe, incluidos los del EZ y los surgidos en conflictos universitarios. Fue un encuentro que escapó a los riesgos del fútil espectáculo, de la perdida de autenticidad, de demagogia que inunda el espacio con palabras sin futuro. El encuentro era muy difícil. Las heridas son muchas, la desesperación enorme, las posturas en ocasiones muy enconadas. Y sin embargo, en todo momento, se respiró respeto e incluso cierta cordialidad.

    Las palabras de Javier Sicilia fueron elocuentes y cuidadas. La tentación poética no le ganó, sus argumentos fueron puntuales e incisivos. No hubo concesiones frente al Presidente: “Está obligado a reconocer que la estrategia ha sido contraproducente. Miles de muertos, una putrefacción cada vez mayor de las instituciones, el crecimiento de los cárteles”. El poeta, encarnado en voz ciudadana, mantuvo un tono de exigencia pero no cayó en la trampa de violentar el respeto que se debe a quien representa a las instituciones. Esa popular actitud de irreverencia lo que provoca es la cancelación del diálogo. Ninguna autoridad puede ceder en el respeto a sí mismo, pues más allá de la persona está la investidura. Con irreverencias no se llega nunca al fondo. Cuánto han costado al diálogo nacional las afrentas en boca de provocadores. Sicilia lo tiene claro, fue un reclamo suyo durante la marcha. Lo que importa es llegar a los argumentos. El orgullo de lanzar improperios es un acto de vanidad. Todos los representantes del movimiento fueron a los hechos, dejaron fuera calificativos inútiles. En Chapultepec los argumentos iban y venían. Fue un acto civilizatorio que deja en ridículo a muchos congresistas y líderes políticos.

    “Son responsables de haber tratado el problema de la droga no como un asunto de salud pública, sino de seguridad nacional y por lo mismo de haberse lanzado… a una guerra que tiene al país en una emergencia nacional”, lanzó el poeta. Calderón estuvo a la altura, defendió sus posturas: “No dicen nada (de) la violencia inhumana, bestial con la que actúan esos homicidas… en qué proporción son los criminales, los violentos, los responsables de esa violencia”. Y tocó el punto medular: “¿Será cierto que todo es culpa del gobierno? Qué no tendrán nada que ver los criminales… …Acaso no cuenta en la violencia la realidad abrumadora del crecimiento del crimen organizado…”. Calderón también argumentó.

    Se llegó a un punto crucial: la demanda de sacar a las Fuerzas Armadas de las calles: “No parece difícil suponer que al suspender su acción el gobierno, al retrotraer la acción de las Fuerzas Federales… los criminales van a dejar así, simplemente, de secuestrar, de extorsionar, de asesinar… de reclutar jóvenes para satisfacer su apetito voraz de controlar territorios y comunidades”. Recordó que en el origen la presencia federal le fue solicitada como resultado de la incapacidad local para controlar el problema. Qué cambió en México, se preguntó Calderón, “…pasamos de un modelo de narcotráfico tradicional, que buscaba llevar droga a Estados Unidos, a un modelo de narcomenudeo en el que los delincuentes… buscan también colocar droga entre los jóvenes mexicanos”. Continuó: “El narcotraficante corrompe o intimida a la autoridad para pasar por ahí. El narcomenudista, en cambio, corrompe o intimida a la autoridad para quedarse ahí”.

    La afirmación obliga a reformular las tesis de trabajo. A diferencia de lo que se decía 24 horas antes en la reunión binacional, el consumo de los mexicanos y por lo tanto el mercado interno se salió de madre, la prevención falló. El narcotraficante busca controlar rutas, el narcomenudista busca un control territorial. Exaltado por momentos, Calderón defendió su postura, no había tiempo que perder, la inacción hubiese sido peor. El contenido simbólico del perdón a las víctimas inocentes fue muy importante. Hoy sabemos que después de los policías municipales y estatales muertos -777-, el segundo rubro es ése, el de las víctimas, 337. Sicilia y su movimiento lograron cambiar las coordenadas del debate. Nunca más sólo autoridades contra bandas. Las víctimas hoy empiezan a ocupar su lugar. Hubo más.

    Calderón tuvo que escuchar testimonios desgarradores como el de María Elena Magdaleno o el de Julián Le Barón que exhibieron la falta de coordinación y respuesta de las autoridades. Además expresó su disposición a corregir la estrategia y solicitó que le señalaran en qué debía cambiar. Se alejó de una costosa rigidez que ha polarizado a México. Rectificar ennoblece, es además un acto de astucia. Ante consecuencias impredecibles hoy hay mucho que enmendar. Es hora de exigir el espacio y argumentar. El diálogo fue un gran acontecimiento, fue una lección de madurez. Mostró lo mucho que los mexicanos podemos avanzar usando las palabras para decirnos y no para engañarnos, para juntos razonar y trazar el rumbo. El diálogo rescató a la palabra, provocó argumentos y elevó el rasero nacional.


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