Posteado por: Alvarolopez50 | octubre 31, 2011

Carlos Salinas de Gortari…. necesidades de reflector

¿Qué hacer? Primero, pensar estratégicamente

POLÍTICA • 24 OCTUBRE 2011 – 9:54AM — CARLOS SALINAS DE GORTARI

Antes de elaborar un programa de acciones encaminadas a la construcción de una democracia republicana, es necesario prepararse para pensar de manera estratégica

Ciudad de México  • ¿Qué hacer? La alternativa ciudadana, es el título del libro que ahora se presenta al público. El nuevo contexto internacional y nacional obliga a pensar en acciones inéditas pero, si se pretende que resulten efectivas, es preciso fijar metas claras y factibles. En cualquier caso, el camino que el país elija debe apuntar hacia dos objetivos esenciales: mantener la soberanía y promover la justicia social.

Ante los riesgos que hoy enfrenta la República se hace urgente plantearse: “¿Qué hacer?”. Y responder implica la construcción de la fuerza necesaria para ir en pos de lo que se quiere alcanzar.

Diferentes objetivos requieren de medios distintos y por esto la fuerza de que se trata tiene que ser en relación al terreno donde se da la lucha. En el contexto interno, los rivales a enfrentar son los neoliberales, los neopopulistas y, claro está, los intelectuales que diseñan y sostienen los proyectos de ambos bandos. En el externo, los adversarios son el capital especulativo y su dinámica perversa: el control desde el extranjero del sistema de pagos del país y las constantes presiones que desde el exterior se ejercen sobre los energéticos mexicanos.

Por lo general, los debates en torno a la pregunta “¿qué hacer?” no desembocan en una estrategia sino en una lista de temas y tareas; un inventario de objetivos y aspiraciones, algo así como un catálogo de políticas públicas.

Antes de elaborar un programa de acciones encaminadas a la construcción de una democracia republicana, es necesario prepararse para pensar de manera estratégica.

El “pensamiento estratégico” exige establecer un propósito específico, saber qué queremos. Implica evaluar las posiciones estratégicas en el contexto de un conflicto.

Lo siguiente es analizar las fuerzas en ese conflicto y el campo en el que cada una intentará desplegarse. Pensar de forma estratégica implica evaluar las distintas posiciones en el contexto de una lucha. La discusión sobre lo que es necesario hacer puede llevar a la conformación de una agenda, pero no conduce al diseño de una estrategia.

Para el estudioso Peter Paret, “el pensamiento estratégico es, antes que nada, pragmático. Depende de las condiciones geográficas, sociales, económicas y políticas.” Citando a Hans Delbrück, autor de Historia del arte de la guerra, Paret destaca: “Una vez que el pensamiento estratégico se torna inflexible y autosuficiente, la más exitosa de las tácticas puede conducir al desastre político”. Si bien se requieren estrategias diferentes para conflictos distintos (bélicos, políticos, sociales, culturales, en la producción…), el pensamiento estratégico, como ha señalado John Womack Jr. en Posición estratégica y fuerza obrera: significa calcular los poderes más probables, los campos de las fuerzas en conflicto por el periodo en que se estima luchar; calcular lo que se puede ganar o perder, decidir entre los escenarios lo que más se aspira a ganar ante las condiciones prevalecientes; lo que se tiene que ganar y lo que no se debe perder. Lo primordial es detenerse a reflexionar sobre el carácter del conflicto para luego establecer si es posible modificar su naturaleza, o si es inevitable asumirlo tal y como se ha identificado desde el principio. Una estrategia es un plan general de operaciones, cuyo principal objetivo es ganar lo más posible y minimizar los daños que pueda ocasionar el adversario. “La estrategia debe tomar en consideración todos los aspectos, tanto los propios (representados por el Estado con todas sus capacidades económicas y políticas) como los del adversario. El estratega será exitoso si evalúa correctamente la naturaleza del conflicto”, señaló el teórico soviético Aleksandr A. Svechin en su clásico Estrategia.

¿Por qué insistir ahora en la importancia de la soberanía? Porque es la esencia de toda nación y porque hoy está en riesgo. Para nuestra nación, mucho más que para otros países de Latinoamérica, el factor geopolítico (la vecindad con la nación más poderosa del mundo) ha propiciado que la lucha por la soberanía sea una premisa indispensable para la preservación de la República. Para quienes habitamos esta tierra, el propósito fundamental es persistir como nación soberana. No hay soberanía sin un Estado fuerte. Pero la fortaleza del Estado no reside en su tamaño, mucho menos en el ejercicio de un gobierno basado en la cerrazón y la intransigencia. Es la legitimidad la que le confiere fuerza al Estado. Y esa legitimidad deriva de que el Estado sirva al pueblo y no se sirva de él. Es el gobierno por el pueblo y para el pueblo.

Si Max Weber definió al Estado como aquel que dentro de un determinado territorio ejerce el monopolio del uso de la fuerza, única fuente del derecho a la coerción, hay que insistir en que su carácter soberano lo adquiere cuando tiene el poder para decidir sobre las reglas en un territorio y el poder para aplicarlas. Es la nación la que es soberana. Y la lealtad del pueblo hacia el gobierno y sus instituciones surge ahí donde avanza la justicia cuando el pueblo es el sujeto de su propia transformación, y no el objeto pasivo de la dádiva gubernamental. Un Estado pierde legitimidad cuando se sirve del pueblo en lugar de cumplir con su obligación fundamental, que es la de servir al pueblo.

La exigencia de justicia social es impostergable en México. Luego de un siglo de revolución y a pesar del esfuerzo de varias generaciones, el país registra una de las peores distribuciones del ingreso en el mundo y una desigualdad social inadmisible. La mayor violencia es la pobreza.

¿Por qué es necesaria la justicia social para consolidar la libertad? Es más que la antigua utopía, sencilla y conocida, de “poner fin a la desigualdad”. La justicia es la esencia de la legitimidad, y sin ella no hay soberanía. No hay legitimidad sin respaldo popular. No un respaldo sostenido por multitudes de acarreados o por muchedumbres sin proyecto, como sucede bajo los gobiernos neopopulistas; tampoco uno que provenga de ciudadanos desvinculados que sólo participan a la hora de responder encuestas, como acontece en las administraciones de corte neoliberal. La justicia que deviene legitimadora del Estado es aquella que edifica el pueblo convertido en sujeto de su propia transformación. Hoy en México es necesario postular nuevos principios de justicia, más sólidos y de más amplia cobertura. Para la gran mayoría de ciudadanos del país, la evidencia de tanta riqueza en manos de tan pocos es inaceptable. Pero igualmente inadmisible, además de ingenuo, es suponer que la buena voluntad de los que más tienen o la actitud magnánima del Estado representan un camino viable para aliviar los males que afligen al país.

Las líneas precedentes abren el camino para formular con mayor nitidez la esencia de la democracia republicana: Una forma de participación y convivencia que permite a los ciudadanos superar su condición de objetos condicionados por el poder y convertirse en sujetos de su transformación. En la democracia republicana, los individuos se convierten en ciudadanos al participar organizados y hacer por sí mismos lo que sólo ellos pueden por su comunidad; así convierten sus prácticas cívicas en iniciativas políticas y dan un sentido a su poder transformador. Con esto se evita que el Estado tome en sus manos responsabilidades que sólo corresponden a los ciudadanos.

Son republicanos aquellos hombres y mujeres que participan de manera activa en los asuntos públicos. Lo hacen de manera organizada, en agrupaciones territoriales o vinculadas a la producción. Se involucran en la vida ciudadana mediante el diálogo y el debate, a través de la organización relacional y la política popular. Expresan opiniones y diferencias en reuniones y asambleas (la democracia republicana se asemeja, en más de un sentido, a la democracia deliberativa). Tras el diálogo y el debate, pasan a la acción a través de grupos y organizaciones autónomas, sin intervención del Estado. Se trata de pasar de una ciudadanía de individuos que se limitan a votar y consumir a una de personas que participan y se organizan; los individuos de una cuadra, un barrio, una sociedad, dejan de ser ajenos a la comunidad que los rodea, seres anónimos, para ejercer las más diversas actividades cívicas y convertirse en verdaderos vecinos y compañeros: en con/ciudadanos.

En el México de hoy, los antiguos conflictos se agravan con la aparición de otros inclusive mayores. Conviven la falta de progreso justo y sustentable, el deterioro de la vida democrática, el debilitamiento de las instituciones y, por si faltara, el secuestro de la paz y el orden en distintas regiones del país. Persistentes, todos estos males han puesto en jaque la soberanía nacional y la justicia para hacer realidad la libertad.

Sí, la República está en riesgo.

*Ex presidente de México

Con cincuenta años de vida y la cualidad de ser observador meticuloso, con principios que antes no conocía y una dimensión de las cosas, de su tamaño, de su poder, sabiendo la historia del personaje, su presidencia, su tesis, gobierno y herencia me es necesario enmarcar a un Carlos Salinas de Gortari, en su gobierno, en sus visiones, sus metas, sus alcances, sus aciertos y sus errores para replicar sus intervenciones sus fobias, los gritos de su angustia y su claro reclamo que no le permite el destino enmendar y hacer justicia a modo… a su antojo, a su singular e irrebatible conciencia, que cual ciego, sordo y mudo (porque sigue sin vernos y sin escucharnos) hoy presenta bocanadas trémulas de irrelevantes observaciones.

Me reconozco como un fiel seguidor de Salinas… su hegemonía y ejercicio de poder (desde su legitimización) fueron dogmas, referencias obligadas por muchos años… su manera de doblegar el sindicalismo charro de Fidel Velázquez sometiendo a la Quina (de Pemex), su “Plan Nacional de Desarrollo”, su “Tesis para evolucionar el Agro en México” su “Reforma Política”, aunque no entendí la incorporación del “CLERO” a lo que asumí que era parte de una evolución que comprendería mas adelante… el TLC (Base de la dimensión de un México potencialmente indomable)… que se integra bajo una “Doctrina de la Solidaridad” bajo una Súper Secretaría inigualable con José Córdova Montoya… las grandes personalidades de Pedro Aspe, el carisma trabajador de Luis Donaldo Colosio y Manuel Camacho, la privatización de Teléfonos de México, etc… grandes crecimientos del PIB, Pacto Social “Solidaridad” y las nuevas dimensiones a las que serán sometidos los Gobiernos del Gral. Demócrata D.William Clinton que llega accidentalmente a una propuesta de sociedad negociada con “Los Bush”  y que en un FAST TRACK consolida una alianza que servirá de marco y referencia más adelante como modelo de unión europea….

Fue tal su visión que celebra junto con Francia (200 años de su Revolución) la democratización del país permitiendo al sistema la llegada del 1er Gobernador panista a la quebrada Baja California de Ernesto Rufo Apel.

Sentado lloré el asesinato de Luis Donaldo Colosio, no entendí a Manuel Camacho, jamás imaginé el desplome de Córdova Montoya y el fracaso del proyecto en la OMC de un Salinas achaparrado, sometido a una elección accidentada de un perfecto maniquí pinochezco como lo era entonses Ernesto Zedillo… “Los demonios andan sueltos” de la procuraduría de la República que contrastaron con el ejercicio de un corto y bien operado esquema que lleva a las oligarquías de los Aleman ha pertrecharse a bajos niveles de actuación, al ejercicio en corto del narcotráfico de los juniors del negocio en Jalisco y el Pacífico-norte (Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca y Miguel Angel Félix Gallardo)  juntos de la mano del exgobernador Enrique Alvarez del Castillo. Jorge Carpizo en la defensa de los Derechos Humanos y un Negro Silva Herzog en una Hacienda que dejará lejos el arranque del sexenio con un estruendóso error de un diciembre que hoy conozco y que no comprendo en muchos aspectos…

Milenio me pone en la Página 34  “Articulista invitado” el lunes 24 de octubre como vil presagio de otras noches de Brujas y un excéntrico cierre de temporada con la clausura de los Panamericanos de Guadalajara 2011 para abrir de nuevo las miles de cajas de pandora que estarán presentes en el dispendio de campañas, denostaciones y carreras por el poder, desde el poder obviamente… poder que con una perspectiva doctrinal, de sabio conocimiento y amplias, amplísimas descargas de demagogia sustentada nos presenta, nos libera, nos evoca, nos calcula y nos receta este “Master de la retórica” que no solo consigue el reflector nuevamente  sino que calienta ánimos, eleva temperaturas, evoca demonios que en su singular exposición aparenta conocer y dominar… “Seguimos siendo un país de imbéciles, iletrados, reverenciadores de la retórica y el buen habla”, y si!!! definitivamente SI! vamos a la réplica y al debate… porque me he preparado para ello y bastante…

¿Que hacer?…  ¡Desde ahora, la respuesta como ciudadano es “aguantarse”. En un país donde no hay acceso a las candidaturas ciudadanas, o revocaciones de mandato, o la elección de representantes solo por el tamiz y filtro de los partidos políticos, o como consecuencia de un reparto de cuotas que no entendemos aunque nos lo expliquen!  ¿Como fijar metas precisas, acciones inéditas, aspiraciones factibles?… Para conservar la soberanía y promover la justicia social… La Soberanía la tenemos gracias a que los grandes monopolios del comercio, la energía, las plataformas financieras, los grandes corporativos que operan a nivel mundial, tienen bien amarradas sus inversiones en una soberanía que se basa en su propio capital, porque si se dejara en manos de la política nacional (la oligarquía de facto) Los gobernadores, líderes de sindicatos nacionales, jefes de partidos, directores de empresas del estado tendrían comprometidas las instituciones y organismos a sus cargos como lo está la justicia social.

En México no existe la justicia social o ¿A quien quiere ver la cara de pensantes elocuentes nuestro expresidente de la nostalgia…?  Don Carlos, permítanme llamarlo así, para construir lo que necesitamos para vivir, es un mecanismo que nos permita quitarles la administración de los recursos técnicos, humanos y financieros de los que se adueñaron desde siempre, que nunca fueron de México sino de las oligarquías presentes desde nuestra conquista por parte de los Españoles y que a la fecha jamás ha sido operado por un pueblo, que siempre está sumido en la ignorancia, en el hambre y la supervivencia cotidiana. Esos arrebatos solo se consiguen hasta donde he visto a la fuerza, con muchos güevos y con personajes que están dispuestos además de dar la vida, enfrentar a instituciones al servicio de los perversos.

Necesitamos construir lo que no nos dejan edificar, “La ciudadanía” que con educación, cultura y con otra actitud se refleje en su trabajo y en un beneficio que llega a la bolsa, a la cartera y no sujeto a un sufragio que tiene como promesa una moneda de voto que no vale nada para el pueblo, una moneda que no le permite comprar los satisfactores que le ofrece una eterna esperanza denominada ” Democracia”. Yo como “Los Chinos”, trabajo y lana para todos y la democracia que se la guarden para los países subdesarrollados que creen en el clero y en las doctrinas del sometimiento permanente de preadolescentes.

“Democracia Republicana” ¿Acaso conoce este término en el ejercicio de la gobernabilidad Don Carlos? El poder se ejerce, no se comparte, se divide y se disipa… México no vive en conflicto… El conflicto es entre quienes nos gobiernan y nos quieren gobernar… entre ese patético grupo de personajes que se dan lujos, dispendio y vida superior a cualquier Jeque del mundo petrolero arabe o texano, ¿si! entre personajes con nombre y apellido perféctamente distribuidos en tres poderes republicanos en 32 entidades cobijados por constituciones federales y estatales, todas en franca concordancia y armonía por equilibrios de facto con poderes clericales, financieros de los grandes corporativos que alimentan y visten a la comunidad.

“Las Fuerzas el conflicto” Sindicatos, banca de servicio extranjera, monopolios nacionales en los sectores industriales, transporte, aduanas, energéticos, servicios de salud, justicia y seguridad social y jurídica, detalles donde está el control de nuestro país, organizaciones gubernamentales tan criminales como las ilegales, tan nocivas y perversas, lejos del respeto, la cordialidad, la justicia y la libertad, del beneficio común por arriba del beneficio individual que deja en menoscabo al competidor, al socio, al educando, al que viene atrás empujando… Hoy México bajo estas premisas que asume Don Carlos y que sugiere debemos ejercer, necesitamos a Hugo Chávez urgéntemente que se nacionalize mexicano y ajuste la constitución de inmediato para dejar el poder de facto sometido a tu legal titularidad que el pueblo le otorga en Venezuela. (Haz me el fabrón cabor lo que digo).

Hoy los conflictos son de poder a poder, no son entre pobres y ricos, son entre gobierno y gobernadores, no hay en la comunidad más que esperanza y reclamos, cada vez más fuertes pero siempre apelando a la legalidad (para que no le apliquen la ley) y siempre asumiendo el diálogo, el debate…. donde la confrontación se podrá dar entre medios (de comunicación o de niveles de ciuadadanía) pero no entre pueblo y Gobierno.  En México somos republicanos por el amor a la tierra, a sus raíces, a la identidad (Bandera y símbolos patrios), no podemos ser demócratas porque los liderazgos son impuestos, son decantados en el seno de partidos que operan a en creciente poder que ha disminuido de la Presidencia de la República.

No tenemos el gobierno que merecemos, damos mucho, y recibimos poco, somos mexicanos, valemos mucho y nos valoran poco… Don Carlos: Usted como muchos de nuestros máximos exponentes de la administración publica tienen aciertos, grandes reconocimientos que están ahí presentes, pero también existen grandes errores de política que se llevan al traste todo, incluyendo su prestigio como hombres que nos den la satisfacción de exponerse como grandes mexicanos. Hoy dejen a la historia que siga su paso, ustedes han sido sepultados de nuestras mentes, de nuestros corazones y de nuestra vida, o por lo menos nos gustaría saber que así es y no darnos cuenta que son ustedes esos perversos operadores de oligarquías que se resisten a dar el paso a nuevas generaciones que tienen al igual que ustedes en su tiempo de cometer sus propios aciertos y errores.

Hoy el Dr. Ernesto Zedillo Ponce de León, como Felipe Calderón Hinojosa nos han demostrado que en sus estaturas son mucho más personajes empezando por el propio respeto que marcan hacia su familia, su primer circulo de convivencia renunciando a los encantos y reflectores que en su momento seden para que otras generaciones marquen la pauta del México de este siglo.

Alvaro López. Ciudadano

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Responses

  1. José Woldenberg / De magos y exorcistas
    Por José Woldenberg

    (27-Oct-2011).- El equilibrio pluralista que convive en el Congreso, y que es la expresión más decantada del proceso democratizador, sigue suscitando las más diversas reacciones. Pero la de los exorcistas me sigue llamando la atención. Con un tesón digno de causas mejores, tratan de inventar una fórmula para que, digan lo que digan los electores, una fuerza se alce con la mayoría absoluta de los representantes. Son como los magos de carpa: “ahora ven una paloma, la meto al sombrero y sale confeti”; “ahora ven una mayoría relativa de votos, le aplico unos polvos, y se convierte en una mayoría absoluta de escaños”. Los niños de seis años se sorprenden ante los poderes de los magos (no conocen el truco); los exorcistas de la pluralidad no pueden esconder el truco.

    Como en los chistes, Enrique Peña Nieto nos dio una buena y una mala noticia el 21 de octubre. En Querétaro, en el marco del foro organizado por la Fundación Colosio, retiró su propuesta de reintroducir una cláusula de gobernabilidad, calificada ahora por él mismo como “artificial”, pero insistió en la necesidad de que exista una mayoría absoluta de legisladores aunque no haya logrado los votos suficientes.

    A continuación sus palabras. “La cláusula de gobernabilidad es aquella que permite construir una mayoría de forma artificial, para que a partir de determinada votación mínima, que no mayoritaria en términos absolutos, de manera automática le permita a ese partido… alcanzar la mayoría absoluta… Es una fórmula artificial que amplía de manera significativa esa mayoría”. Y correctamente criticó que en el Distrito Federal subsista esa fórmula que demanda “apenas el 30 por ciento de la votación” para que un partido se convierta en mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa. Es de sabios cambiar de opinión.

    Pero, al parecer, no de intención. Ahora, su apuesta es la de “eliminar la cláusula de ingobernabilidad” (nótese el chascarrillo). Se trata de la norma que impide que el partido mayoritario tenga más de un 8 por ciento de asientos en relación a su porcentaje de votos, “y con ello dar lugar a que la mayoría… sea quien asuma la responsabilidad de gobernar”. Y junto a ello propuso, “el mecanismo que a mí más me entusiasma… que me parece podría realmente favorecer a lograr mayorías legislativas, mayorías absolutas… la eliminación de 100 diputados plurinominales, con lo cual se garantiza la participación de las minorías, pero también se garantiza, o al menos se abre un mayor espacio a la construcción de mayorías legislativas… Hemos dado una sobre representación a las minorías, que han impedido la construcción de mayorías legislativas y absolutas en la Cámara de Diputados”.

    Vayamos por partes. Sobre y sub representar se usa para comparar el porcentaje de votos obtenidos con los escaños logrados. Y cuando hacemos esa operación por ningún lado encontramos sobre representación de las minorías, sino más bien de la mayoría. Tomemos los datos de la última elección (2009): el PRI obtuvo el 39.8 por ciento de los votos en las elecciones para diputados, pero alcanzó 239 curules, es decir, el 47.8 por ciento de los asientos. Ocho puntos más como dice la ley. Mientras el PAN con el 30 por ciento de la votación, logró 142 escaños, el 28.5 por ciento de la Cámara. Y Convergencia, quien obtuvo sólo el 2.55 por ciento, recibió 6 curules, 1.2 por ciento de la representación. ¿De dónde sale la peregrina idea de que existe sobre representación de las minorías?

    Como es fácil observar, las reglas actuales ofrecen un premio a la mayoría. Pero a Peña Nieto ese premio le parece poco, lo ve como un tope. Al proponer suprimir esa disposición lo que se pretende es que todos los votos obtenidos por un partido se apliquen en el reparto de los diputados plurinominales, independientemente del número de escaños que ese partido hubiese obtenido en la pista uninominal. ¿Qué se logra con eso? Eliminar el efecto corrector de la sobre y sub representación que deben jugar los plurinominales. Esos diputados surgieron no sólo para dar un espacio a las minorías, sino para atemperar las distorsiones en la representación que de manera “natural” acarrea la fórmula uninominal. ¿No se recuerda incluso que en su origen el partido mayoritario ni siquiera participaba en su reparto?

    Pero además se pretende pasar de 200 a 100 diputados plurinominales. La propuesta explota una pulsión arraigada: el poco aprecio por los legisladores. Recoge lo que los propios senadores del PRI habían demandado y lo que el Presidente de la República propuso hace unos meses: disminuir el número de diputados de 500 a 400. Pero el Presidente mantenía la proporción entre uni y plurinominales (260 y 140), para no afectar la representación.

    México no requiere de magos (salvo para los circos). Menos de exorcistas para acabar con el pluralismo equilibrado que habita el Congreso y que es expresión de una sociedad diversa. Lo que se requiere son políticos capaces de asumir como un “bien” a dicha diversidad y que busquen fórmulas para sumar voluntades.

  2. Va pa’ tras!
    Por Denise Dresser
    Grupo Reforma

    Ciudad de México, México

    Basta con ver la cara de los priistas en cualquier acto público. Basta con advertir las sonrisas compartidas, los rostros complacidos, los abrazos entusiastas. Están felices y se les nota; están rebosantes y no lo pueden ni lo quieren ocultar. Saben que vienen de vuelta, saben que están de regreso, saben que encuesta tras encuesta los coloca en el primer lugar de las preferencias en las elecciones estatales y cada vez más cerca de recuperar el control del gobierno federal.

    El PRI resurge, el PRI revive, el PRI resucita. Beneficiario del panismo incompetente y del perredismo auto-destructivo, el Revolucionario Institucional está a un paso de alcanzar el picaporte de Los Pinos tan sólo dos sexenios después de haber sido expulsado de allí.

    Para muchos mexicanos esta posibilidad no es motivo de insomnio ni de preocupación. Hablan del retorno del PRI como si fuera un síntoma más de la normalidad democrática. Un indicio más de la alternancia aplaudible.

    Un indicador positivo de la modernización que México ha alcanzado y que ya sería imposible revertir. “El país ya no es el mismo que el de 1988”, advierten quienes no se sienten alarmados por la resurrección priista. “El PRI no podría gobernar de manera autoritaria como lo hizo alguna vez”, sugieren quienes celebran los logros de la consolidación democrática. “Los priistas se verían obligados a instrumentar las reformas que hasta ahora han rechazado”, auguran los oráculos del optimismo. Y ojalá tuvieran razón las voces de aquellos a quienes no les quita el sueño la posibilidad de Enrique Peña Nieto en Los Pinos, Manlio Fabio Beltrones en la Secretaría de Gobernación, Beatriz Paredes en cualquier puesto del gabinete, y Emilio Gamboa en la presidencia del PRI.

    Ojalá fuera cierto que una nueva era de presidencias priistas sería señal de alternancia saludable y no de regresión lamentable. Ojalá fuera verdad que tanto el país como el PRI han cambiado lo suficiente como para prevenir el resurgimiento de las peores prácticas del pasado. Pero cualquier análisis del priismo actual contradice ese pronóstico, basado más en lo que sus proponentes quisieran ver que en la realidad circundante. Como lo escribe el columnista Tom Friedman en The New York Times, en México hoy coexisten tres grupos:

    “Los Narcos, los No’s y los NAFTA’s”: los capos, los beneficiarios del statu quo y los grupos sociales que anhelan el progreso y la modernización. Y hoy el PRI es, por definición, “El Partido del No”. El que se opone a las reformas necesarias por los intereses rentistas que protege; el que rechaza las candidaturas ciudadanas por la rotación de élites que defiende; el que rehúye la modernización sindical por los “derechos adquiridos” que consagró; el que no quiere tocar a los monopolios porque fue responsable de su construcción. El PRI y sus bases son los “No’s” porque constituyen la principal oposición a cualquier cambio que entrañaría abrir, privatizar, sacudir, confrontar, airear o remodelar el sistema que los priistas concibieron y del cual viven.

    A quien no crea que esto es así, le sugiero que lea los discursos atávicos de Beatriz Paredes, que examine la oposición pueril de Enrique Peña Nieto a la reelección, que reflexione sobre los intereses cuestionables de Manlio Fabio Beltrones, que estudie los negocios multimillonarios de Emilio Gamboa, nuevo dirigente de la CNOP y próximo presidente del partido. Allí está el PRI clientelar, el PRI corporativo, el PRI corrupto, el PRI que realmente no cree en la participación ciudadana o en los contrapesos o en la rendición de cuentas o en la apertura de la vida sindical al escrutinio público. Si la biografía es micro-historia, entonces se vuelve indispensable desmenuzar la de Emilio Gamboa ya que su selección reciente para una de las posiciones más importantes del priismo revela mucho sobre el ideario, los principios y el modus operandi de la organización.

    Emilio Gamboa, descrito en el libro coordinado por Jorge Zepeda Patterson, Los intocables, como el broker emblemático de la política mexicana; el intermediario entre el dinero y el poder político. Vinculado al Pemexgate, al quebranto patrimonial en Fonatur, al crimen organizado vía su relación con Marcela Bodenstedt y el Cártel del Golfo, a las redes de pederastia, al tráfico de influencias. De nuevo en la punta del poder dentro de su propio partido.

    Ése es el PRI del 2010, y si no lo fuera, su dirigencia ya habría denunciado a Emilio Gamboa junto a tantos que se le parecen. Pero no es así. El PRI nuevo milenio y el que se apresta a gobernar a la República sigue siendo un club transexenal de corruptos acusados y corruptos exonerados; de cotos construidos sobre la intersección de la política y los negocios; de redes tejidas sobre el constante intercambio de favores y posiciones, negociadas a oscuras. En una conversación telefónica grabada y ampliamente diseminada -que a pesar de ello no ha hecho mella en su carrera política- Emilio Gamboa le dice a Kamel Nacif: “va p’a tras”.

    Y ése es el mismo mensaje que el PRI envía sobre el país bajo su mando.

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  4. Pero, al parecer, no de intención. Ahora, su apuesta es la de “eliminar la cláusula de ingobernabilidad” (nótese el chascarrillo). Se trata de la norma que impide que el partido mayoritario tenga más de un 8 por ciento de asientos en relación a su porcentaje de votos, “y con ello dar lugar a que la mayoría… sea quien asuma la responsabilidad de gobernar”. Y junto a ello propuso, “el mecanismo que a mí más me entusiasma… que me parece podría realmente favorecer a lograr mayorías legislativas, mayorías absolutas… la eliminación de 100 diputados plurinominales, con lo cual se garantiza la participación de las minorías, pero también se garantiza, o al menos se abre un mayor espacio a la construcción de mayorías legislativas… Hemos dado una sobre representación a las minorías, que han impedido la construcción de mayorías legislativas y absolutas en la Cámara de Diputados”.
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