Posteado por: Alvarolopez50 | enero 23, 2012

La Soberanía Garantía de la Seguridad Nacional

Lic. Oswaldo Luna Alatorre

Introducción. 

La presente conferencia la iniciaré con reconocido agradecimiento a la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco, a esta casa de alto contenido científico, cultural y artístico, por permitirme la distinción de disertar sobre el tema “La Defensa de la Sobrevivencia de Nuestra Cultura como Garantía de Seguridad Nacional”

Me pregunto: ¿Cuántas veces hemos escuchado el tema de la seguridad nacional en cuestiones de la cultura mexicana? Este es el reto del día de hoy.

Deseo resaltar, que no es un hecho fortuito la presentación actual de este planteamiento, sino que es derivado de la efectiva exigencia que día a día todos como mexicanos en algún momento reflexionamos: ¿Qué está pasando en nuestro México? y sobre todo ¿Cómo podemos hacer y cómo aportar para que en nuestro México sea un país extraordinario, prometedor y tierra de oportunidades, que permita una mejor calidad y dignidad de vida? No me refiero a una utopía sino a una realidad viable cuya acción, real o potencial, tienen repercusión sobre los ámbitos político, económico psicosocial y militar que corresponden al estudio de la seguridad nacional.

De forma que para alcanzar lo propuesto he decidido exponer las siguientes consideraciones:

De ninguna manera será lo mismo la cultura en la seguridad nacional de México, que a la de China, Estados Unidos, Argentina, Francia o de otro país del mundo, cada quien tiene su forma de ver su existencia. Ejemplo de esto, distinta a nuestra tradición, es el valor que representan los acontecimientos de otras naciones, en áreas identificadas como de interés vital para la seguridad nacional de los Estados Unidos, con acciones directas o indirectas que tienen un carácter eminentemente extraterritorial: Irak, Yugoslavia, Somalia, Haití, Panamá, Chile, por citar algunas.

Si partimos que el mexicano es y se reconoce por los rasgos comunes de la memoria colectiva, de la experiencia acumulada y de la propia conciencia nacional. Esto es, lo que fuimos, lo que somos y lo que pretendemos ser y más aún lo que podemos ser. Desde esta óptica podemos deducir que la cultura mexicana se erige como un pilar fundamental del que se originan los objetivos nacionales permanentes y coyunturales, como elemento de identidad y por tanto, como elemento de seguridad nacional.

Por lo cual de ninguna manera la seguridad nacional puede ser descrita como un concepto generalizado por autores de diferentes naciones. Ello nos llevaría indudablemente a cometer graves errores, tanto de estudio y análisis como su planeación y posible ejecución.

En México el tema de la seguridad nacional día a día adquiere mayor relevancia. Es una expresión que continuamente se hace presente en los pronunciamientos de servidores públicos, académicos, investigadores, informadores, gobernantes, legisladores, dirigentes, juristas, consultores, estudiosos y sociedad en general.

De modo que indubitablemente tanto la seguridad nacional y la cultura no pueden entenderse que sea para un gobierno, ni para este gobierno, ni para los que vengan en el futuro; la seguridad nacional no es para un grupo o partido político; no es para las fuerzas policiales o investigadoras. La seguridad nacional es para nuestra sociedad entera, encontrando su real sustento, en su cultura.

Lamentablemente en nuestros días, es común observar, que a la seguridad nacional se le carga la mano en su empleo y se aplica en forma indiscriminada y no en pocas ocasiones de manera irresponsable e improvisada que provoca confusión: unos la refieren como sinónimo de todo cuanto concierne al campo bélico, otros al de la seguridad pública, o de la seguridad interior, otros como actividades secretas que no merecen explicación alguna, otros que la encuadran en aspectos de brechas de desarrollo, y otro tanto no menor, como un escenario ideal.

Si bien es cierto, que en el marco normativo vigente no se define en forma específica a la seguridad nacional, en mi opinión toda su esencia, todas sus partes que la componen, están establecidas y protegidas por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, lo que le otorga conciencia, coherencia y fidelidad en su esencia, y del mismo modo, en todo momento le dará la juridicidad necesaria para que los conceptos que cite puedan ser considerados como legales y por supuesto viables.

Entonces si está notoriamente identificada por nuestra Carta Magna, nos permite afirmar que la seguridad nacional está íntimamente vinculada a la cultura mexicana, es tan cercana, que resulta ser vital para nuestra existencia.

Por esta razón, en esta disertación a través de tres líneas de defensa, me propongo alcanzar principalmente tres vertientes que se encuentran entrelazadas:

  • La primera.-  Ser un instrumento de aportación académica y de consulta, que en forma breve y eficaz pero de manera innovadora, aborde el plano conceptual que permita abrir caminos objetivos y prácticos para impulsar la importancia que tiene defender a la cultura mexicana en actividades de seguridad nacional;
  • La segunda, dejar a tras viejas prácticas de opacidad y misterio en la materia, para pasar a esquemas comprensibles, concluyentes y comprobables; y
  • Una tercera vertiente, para alentar un autentico interés en la sociedad en general que contribuya a su conocimiento y encauzar a los actores promotores de actividades culturales, sobre la importancia de sus actividades en relación con aquellos garantes de dar viabilidad al quehacer de la seguridad nacional.

La hipótesis central reside en que la formulación y fines de la seguridad nacional en nuestro país encuentran su sustento, idoneidad y coherencia en la cultura mexicana.

Para esta exposición atendiendo el devenir histórico, la doctrina administrativa así como la teoría del estado y la situación geopolítica del país, he acudido a una abundante recopilación de fuentes, documentos, publicaciones, recopilación y análisis de datos, y el uso de conceptos existentes, tanto oficiales como literarios para también establecer y aportar un concepto propio.

Sirva pues como una contribución a esta honorable institución cultural, los resultados que a continuación serán expuestos:

Iniciaré abordando el perfil referencial sobre la cultura general.

Desde la antigüedad el hombre ha hecho un esfuerzo constante por definir el concepto de cultura. Su evolución y progreso en el siglo XXI, no da señas todavía de disminuir, reflejo de esto es el gran número de definiciones que se siguen formulando por estudiosos en políticas culturales.

Se ha escrito en abundancia que el origen de la cultura como rasgo humano se puede encontrar en la capacidad de los hombres para obtener conocimientos, valores, normas que orientan la conducta de cualquier sociedad, en la que todas las condiciones y situaciones creadas por el hombre, conforman el marco en que su vida se desarrolla, cuyo proceso se adquiere mediante el aprendizaje.

Partiendo del principio de que todo lo que hace el hombre y que no es espontáneo de la naturaleza, es una manifestación de su creatividad colectiva, el concepto de cultura en general aceptado universalmente, se entiende como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad. Ello engloba además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias.

Asimismo, desde 1982 al reunirse en México la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales, la comunidad internacional ha reconocido plenamente que la cultura proporciona al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y optamos. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, cuestiona sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.

Ante estas posiciones podemos apreciar que no puede existir una sociedad sin cultura y una cultura sin sociedad. Donde las instituciones sociales: familia, escuela o iglesia, entre otras, transmiten la herencia cultural. Sin embargo, sólo en su aplicación, sólo en su pleno ejercicio, se define y fija en definitiva, con capacidad de adaptación en circunstancias de tiempo y lugar.

En la actualidad, existen múltiples culturas, producto de una evolución histórica de las sociedades, las cuales tienden a ser más complejas y diversificadas, constituyendo para cada país su manera más lograda de estar presente en el mundo. Aquí podemos entender la determinación a nivel mundial de proteger y promover la diversidad de las expresiones culturales, que por cierto, también se reconoce que esta diversidad permite construir puentes entre los pueblos.

Primera línea de defensa: Cultura Mexicana.

Leopoldo Zea

Leopoldo Zea Aguilar en su obra La Cultura en México: Historia y Sentido, afirma que “la cultura de un pueblo expresa el sentido que para este pueblo tiene su historia y quehacer. En la historia se hace expreso lo que se quiere y lo que se puede. Y este querer y este poder, se expresa en la cultura que le da sentido histórico”. Es decir, este singular filósofo mexicano, en sus planteamientos demuestra que los hechos históricos no son independientes a las ideas, las cuales florecen de la cultura propia.

Por lo anterior se puede precisar que México surge de la independencia de la colonia española, del resultado de un proceso colonizador y de los efectos de invasiones, intervenciones e influencias extranjeras, hasta formarse como un Estado libre y soberano. Ello implica reconocer un pasado y un origen común, tener conciencia de un territorio propio, compartir un sistema de valores y símbolos, una manera de percibir lo propio y recrear un ambiente inmediato del mexicano que aspira a un futuro; y en esto descansa la razón para reconocernos y distinguirnos de los otros.

Es posible afirmar que la cultura mexicana se funda sobre bases sólidas: en la comprensión de nuestro pasado como una conciencia viva de la realidad y como condición de posibilidad de nuestra realización histórica como pueblo. Esta realización dentro de una diversidad cultural tiene un carácter nacional, porque se basa en la capacidad creadora de la experiencia social, para conformar tanto con aciertos o con errores, unas u otras instituciones mediante la inteligencia, la sensibilidad e imaginación de los mexicanos.

Por eso, es reconocido que México es un país con una gran cultura, viva, dinámica y con una proyección al futuro, sustentada en su gran diversidad. Esta pluralidad representa una reserva fundamental y múltiple de experiencias, iniciativas y capacidades colectivas que afirman y apoyan la diversidad dentro de la unidad, y es aquí donde radica nuestro proyecto nacional. En nuestro país se reconoce en términos del artículo 2 constitucional como una nación única e indivisible.

Se trata de una herencia que ha permitido distinguir que la implantación de influencias culturales ajenas, nos han llevado a dolorosos fracasos por estar alejadas de nuestra realidad. Esta afinidad cultural da un significado propio, diferente a lo ajeno. Es decir, se trata de un patrimonio de los mexicanos presentes, actuantes, que manifiestan su firme voluntad de permanecer, de ser, de hacer y transmitir la capacidad de crear en lo material, en lo mental y en lo espiritual. Somos nosotros, los mexicanos, los que damos voz propia a la nación. Porque no somos estáticos y por lo tanto, nos consideramos un proyecto inacabado que nos proporciona el sentido y significado de lo que queremos cristalizar.

De tal manera, que coincido a lo que afirma Guillermo Bonfil, etnólogo y antropólogo mexicano en su obra Pensando Nuestra Cultura, al referir que “el hombre por antonomasia es portador y creador de cultura, no un consumidor pasivo de los bienes culturales ajenos”.

A la luz de lo expuesto anteriormente, también se reconoce mundialmente a través en la  Declaración Universal de los Derechos Humanos, el derecho de tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad en que se vive, participando en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.

¿Dónde se encuentra la cultura mexicana? De hecho nuestra cultura se encuentra justamente en el ejercicio pleno de todo lo que realizamos en la vida cotidiana, a través de los medios que consideramos adecuados para su utilización, en lo que sabemos hacer, en aquello que se conoce, se siente, se maneja y administra. Es un patrimonio cultural que incluye los bienes arqueológicos, históricos y artísticos; así como las tradiciones, las costumbres, las lenguas, la literatura, las obras de arte, los archivos y bibliotecas; donde se recrean los valores que el mexicano reconoce como suyos y que prosperan en las diferentes regiones del país.

Es de tal trascendencia, que no resulta casual, el hecho que desde 1833, en la que en México se empeñaba en la aspiración de cristalizar su propia realización, cuando con esa capacidad que sólo surge de la natural creación de lo mexicano, se funda lo que hoy es la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, con el fin de promover el desarrollo científico y cultural de México, y más aún, porque esta gran empresa sobre el levantamiento de la geografía y la estadística en el país, simboliza conocer a fondo la riqueza cultural de la realidad mexicana.

Del mismo, modo, merece también mención, que desde 1942 en una época de falta de paz mundial, como parte de semejante espíritu, se instituye el Seminario de Cultura Mexicana, con la alta responsabilidad de difundir la cultura mexicana y fomentarla con todas sus manifestaciones nacionales y universales, llegando a cada parte del territorio del país, y en el ámbito exterior, con todos aquellos extranjeros interesados en nuestra cultura.

Se aprecia que este proceso cultural, además, no se da en un falso aislamiento, sino en la relación con otras culturas de origen diverso, por lo que también a principios de este nuevo siglo XXI en la Declaración Mundial de la Diversidad Cultural llevada a cabo en París, se ha reconocido a la diversidad cultural, como patrimonio común de la humanidad, porque esta diversidad cultural es, para el género humano, tan necesaria como la diversidad biológica es, para los organismos vivos. De suyo, hoy por hoy ningún país puede existir de manera aislada. Un ejemplo de ello, lo observamos en el caso de la extinta URSS poseedores de una larga tradición de excelencia en todos los aspectos de las artes y las ciencias y cuyo aislamiento trajo consigo la división que sus partes integrantes.

Ahora bien, el pretender imitar indiscriminadamente una llamada “corriente universal”, no acorde a nuestra cultura, es negarnos a nosotros mismos, con la consecuente pérdida de la capacidad para reconocernos; es reprimir la conciencia social y hacer imposible cualquier consenso de relación genuina entre los mexicanos; es en suma, incurrir en la desnacionalización cultural que expondré más adelante. Por consiguiente, deseo recordar que la historia nos enseña que del pueblo ha brotado la fuerza primordial que permitió afrontar las dificultades de otros tiempos, por lo que la cultura es un asunto de todos los mexicanos en su conjunto, la cual contribuye a la unidad, apoya el desarrollo y permite avanzar a la sociedad. Su permanencia y proyección es la posibilidad de dar coherencia a todos los actos de nuestra vida individual y como nación. Su desprecio o desatención puede acarrear tan serias consecuencias, como lo es la desorientación y encontrarnos a la deriva, sin rumbo y peor aún sin destino común. Es como navegar teniendo un viento favorable sin saber a dónde ir.

Es decir, que en la cultura mexicana encontramos el medio que permite reconocernos a nosotros mismos, identificarnos, aceptarnos, compartir nuestros ideales y desarrollar el interés colectivo. Es tan importante la conciencia de nuestra cultura para la nación, como lo es el alimento que garantiza nuestra existencia, por consiguiente, la obligación de proteger la seguridad de la nación.

En tal virtud, en mi opinión la cultura mexicana es una experiencia acumulada que puede definirse como la herencia de un conjunto de valores, creencias, símbolos, técnicas, lenguaje, tradiciones, conductas, fuerzas creadoras y de formas de pensar peculiares con objetivos comunes como nación. Ello implica identificación plena de todos como mexicanos, respecto de un Estado y una sociedad propia con características singulares, que se nos distinguen de otras naciones. Por lo tanto, defender la sobrevivencia de la cultura mexicana es de vital importancia.

Segunda línea de defensa: relación de la Cultura Mexicana con la Identidad Nacional.

Para comprender la seguridad nacional se requiere ahondar en la unidad que guardan la cultura mexicana y la identidad nacional como elementos esenciales.

De inicio el concepto identidad recurriendo algunos diccionarios se define que identidad es ídem “lo mismo” cuyo sinónimos son: la unidad, la coincidencia, la concordia, la unión y la igualdad;  asimismo, el verbo identificar significa que dos cosas o más, como distintas aparezcan, son una misma. Y esto lo podemos palpar que no obstante de nuestra gran diversidad cultural, nos reconocemos como una misma nación como lo hemos descrito: única e indivisible.

Desde un enfoque filosófico, lo anterior es apoyado al concebir que “lo idéntico no se define por la negación de la diferencia, así como tampoco la diferencia por la negación de lo idéntico, hay en ello dos conceptos que se implican y que son la definición fundamental del pensamiento” de la identidad.

De hecho, esta identidad no significa necesariamente que se debe tener una misma forma de pensar, hablar o un conjunto de creencias. Es esta diferencia la que dota de capacidades de gran riqueza cultural, que es distintiva y que constituye la propia identidad estableciendo sus intereses, aspiraciones y objetivos comunes.

Por lo anterior, la noción de identidad no puede comprenderse abstractamente, sino como una determinación histórica cuya existencia y evolución presupone la libertad integral y total, debiendo su permanencia actual, por la herencia que es transmitida entre otros: por el lenguaje que permite el acceso al conjunto de las manifestaciones de la cultura y conservando a la sociedad por el adiestramiento de sucesivas generaciones.

En este contexto resulta importante tomar en cuenta que de conformidad a los registros del INEGI en Censo de Población y Vivienda 2010, en nuestro país actualmente cuenta con una gran riqueza cultural, con el reconocimiento de 89 lenguas indígenas en donde el número de personas hablantes de lengua indígena ha aumentado en los últimos años, representando el 6.5% respecto a la población total.

Cabe destacar, que en el contexto externo tampoco significa que si un mexicano aprende otro idioma se desliga de su cultura; al contrario tiene una herramienta útil para hacerse comprender. Pero, sí una persona llegará a olvidar su propio idioma y a pensar de acuerdo a otra manera distante de su realidad, desde luego se apartaría de la sociedad y a los fines que pertenece.

Estamos hablando de la identidad que proporciona un sentido de pertenencia de su vida y los valores propios que garantizan la dignidad de la persona, de lo que se es.

Es una noción que nos proporciona como mexicanos: seguridad y confianza en el futuro que conlleva a la unión. Es el vínculo que genera el amor a la patria, es el elemento que procurando por todo su bien, origina la necesidad de proteger a la sociedad en el territorio donde físicamente se encuentra, en defensa de los peligros comunes. En este sentido es oportuno destacar, que nosotros como mexicanos tomamos conciencia del significado de lo que representa el territorio, cuando en México después de una intervención extranjera fue sujeto para ceder más de la mitad de su territorio, recibiendo por compensación un plato de lentejas.

Por ello, este sentido de pertenencia se encuentra íntimamente ligado al territorio y que en nuestro país se constituye por las propiedades de la nación que son reconocidas en la extensión y términos que fija el derecho internacional. En México de conformidad a los artículos 27 y 42 de nuestra Carta Magna la propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional corresponde originalmente a la nación.

De manera que la cultura y la identidad nacionales no pueden ser fragmentadas o consideradas como elementos separados. La identidad nacional ligada a la cultura, caracteriza una manera de existir y vivir en el espacio y tiempo, y su importancia influye de manera considerable en la conciencia, intereses, aspiraciones, objetivos y destinos comunes del pueblo de México y, por ende, en la conciencia y moral nacional. Lo que da un significado a lo propio diferente a lo que es ajeno.

No se trata de ser extraños o negarnos frente al extranjero. Se trata de aplicar la identidad que es propia, desarrollando un legítimo orgullo por nuestra cultura y aportar esa riqueza al mundo de hoy.

Desde esta perspectiva, se desprende que cuando el mexicano adquiere conciencia de lo suyo, lo que ha logrado como nación, de su identidad, entonces surge el sentimiento de defensa de lo que le pertenece. Basta recordar, porque así no lo expresa fehacientemente nuestra historia, que el resultado de tales luchas, es el nacimiento y permanencia de un Estado libre, independiente y soberano. De manera, que en la formación del Estado Mexicano la cultura e identidad nacionales resultan ser factores estratégicos de la unidad en la nación, por tanto, la defensa y sobrevivencia de la identidad en nuestra cultura es de vital importancia.

Tercera línea de defensa: vinculo de la Cultura Mexicana con la Soberanía  Nacional.

En distintos acontecimientos históricos, la participación activa del pueblo en su conjunto, no fue sólo para formar al Estado Mexicano, sino para reformar un orden social enormemente injusto, alejado de la realidad del mismo. Estas etapas fueron abriendo senderos para las nuevas ideas en favor de la autonomía y la libertad.

La búsqueda de la independencia, de las libertades, del bienestar, de los derechos individuales y sociales, no se puede entender, si no es a partir del patrimonio cultural de los mexicanos; porque la renuncia a los principios que guían nuestra actuación como sociedad y la renuncia a formar nuestras instituciones, es la renuncia a la viabilidad como una nación propia.

También en este sentido es reconocido internacionalmente por el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, del cual México esta adherido y ratificado, donde se establece que “todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural”. Tal es el reconocimiento, que en nuestro país de 2,440 municipios, 419 que representan el 17% del total se encuentran constitucionalmente bajo el régimen de usos y costumbres.

No obstante, también hay que tener presente que con base en principios y doctrinas hegemónicas se pretende limitar el concepto de soberanía en función de sus propios intereses. Un ejemplo de ello, se presenta en el hecho que hasta la fecha Estados Unidos no ha firmado su ratificación y adhesión a dicho pacto. Asimismo, resulta grave en esta promoción de desnacionalización cultural las alegatos principalmente de académicos, internacionalistas, comunicadores y peor aún de nuestros legisladores, que han llegado a expresar que en México es necesario redefinir el concepto de soberanía establecido por el Constituyente desde 1917, y que hasta el día de hoy se encuentra vigente: la soberanía reside esencial y originalmente en el pueblo.

Declaraciones que pasan por alto que en México hay una vinculación estrecha de la cultura mexicana con la concepción de la soberanía nacional, con sus actos trascendentales; la fundación de sus instituciones, la creación de un orden social, son una expresión viva, vibrante, patente de su cultura, de su viabilidad cultural, de su concepción, de su historia y de sus relaciones que hacen valer su carácter, su personalidad y sus posibilidades. Esto, refleja la preocupación por la afirmación del ser nacional que surge con la lucha por la obtención de nuestra independencia, la cual exige el valernos por nuestras propias fuerzas sin menosprecio de nuestra propia herencia; se trata de un acto de confianza en la personalidad de México para abrirse paso por sí mismo como nación y en la forma de percibir la vida por los mexicanos.

Es de llamar la atención que ilustres pensadores mexicanos como Samuel Ramos, Octavio Paz, Leopoldo Zea, Guillermo Bonfil. Miguel León-Portilla entre otros muchos más, se han empeñado en explicar el sentido de lo mexicano.

Un pueblo incapaz de actuar por sí mismo, culturalmente no es soberano. Una sociedad que desconoce su historia o se avergüenza de ella, que desprecia sus propios valores humanos y comunitarios, que descalifica su forma de vivir; y que admira, idolatra la forma de otro país, pretendiendo hacer el suyo una copia exacta o replica de aquel que lo deslumbra, es una sociedad débil y aún en riesgo de perderse en el vacío. De ahí la importancia de nuestra cultura, de nuestros valores esenciales, para preservar nuestra soberanía cultural.

Un pueblo confuso, desordenado, que no disfruta de la libertad y no ejerce su poder, no es soberano. Una sociedad sujeta a exigencias arbitrarias e injustas provenientes del exterior, que debe rendirse a condiciones leoninas e inaceptables, sin importar los sacrificios que producen, se debilita y favorece un desarrollo contrario a sus mejores intereses. Por lo que el pueblo es el principal actor en asumir su responsabilidad en la búsqueda de su autonomía. Perseverar la cultura mexicana es fortalecer la soberanía nacional y la democracia. Es decir, es luchar por el mejoramiento del nivel de vida del pueblo mexicano, como condición de posibilidad para que éste la ejerza con mayor conciencia de sus intereses y libremente acorde con sus derechos fundamentales.

Es así que esta idea de soberanía en México, está íntimamente vinculado a nuestro origen, a nuestra forma de ser y a nuestras maneras para transformarnos. Lo mexicano se hace por los moldes y contenidos que el propio mexicano le va dando, mediante la capacidad de enfrentar los problemas que le aquejan, para encontrar los caminos propios para su desarrollo, asumiendo la alta responsabilidad del esfuerzo y participación de los problemas comunes. Donde la cultura no sólo proporciona estos moldes y medios para el desempeño de los papeles cambiantes de la sociedad, sino también le asegura que dichos papeles sean compatibles con la realidad en que se vive, dando cohesión a la nación en su conjunto.

Fortaleciendo lo anterior, en nuestro país, la propia Ley General de Educación en su artículo 7 determina que la educación que se imparte en nuestro país tiene como fin fortalecer la conciencia de la nacionalidad y de la soberanía, el aprecio por la historia, los símbolos patrios y las instituciones nacionales, así como la valoración de las tradiciones y particularidades culturales de las diversas regiones del país. Por su parte, México ha hecho de su cultura un recurso privilegiado para hacer oír su voz y su presencia en el mundo. Un ejemplo de esto, es el hecho de que no hay un sólo país en el mundo que no haya recibido o reciba de la cultura mexicana alguna influencia o impacto de su comida o su música o formas de pensar como lo es el tan conocido legado de Benito Juárez “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, que por cierto ha sido tomado como propio internacionalmente.

México tiene mucho que ofrecer al mundo, es por ello que no sólo deba defender soberanamente lo propio, sino compartir sus aportaciones con otras naciones. Recuérdese la innovación mexicana que constituyo la llamada “Revolución Verde” –para unos controvertida -que consistió en la mejora de las variedades del trigo y que trajo como consecuencia la alimentación para cientos de millones de personas; de ahí su importancia como una medida de proyección. También nuestra cultura se nutre de fracasos, de los obstáculos, de los periodos  de privación, de las épocas trágicas; que inspiran el valor de la independencia, principio fundamental del mexicano y particularmente la soberanía le provee al Estado Mexicano, el mandato para no consentir intervenciones extranjeras, precepto cultural muy arraigado en lo mexicano, de su inalterable tradición pacifista, que regularmente, ha normado su conducta en el campo internacional, por principios fundados en sus ideales de paz y justicia, apoyados por la fuerza de la razón

Esta capacidad de defensa soberana ante la agresión o la dominación surge de una cultura que está ineludiblemente vinculado al ejerció de la soberanía nacional, a nuestras vivencias heredadas; por lo que nuestra política exterior se encuentra sujeta a principios normativos establecidos en la Constitución General que consigna nuestra actuación internacional basada en: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; la lucha por la paz y la seguridad internacionales; y recientemente, el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos.

Podemos afirmar que la soberanía se defiende a partir de la fortaleza interna que está en nuestra cultura; ésta consagra garantías individuales y sociales; y precisa las reglas del juego que son irrenunciables como es el principio que establece que el poder del pueblo se instituye para beneficio de éste creando sus propias instituciones. Mientras menos oportunidades encuentren intereses aviesos de penetrar en nuestra soberanía cultural, más oportunidad tendrá ésta de fortalecer la unidad nacional. La nación como un modo de vida y el Estado como el ámbito del ejercicio del poder soberano para seguir existiendo como un país con vida propia, con historia y con un destino común.

Es a lo que Samuel Ramos en un ejercicio de descripción de lo mexicano, se ha referido como la esencia del humanismo, “hallar el sentido de la existencia humana”, ¿Qué es el hombre? ¿Qué es lo humano? ¿Cómo haremos de la vida del hombre algo profundo y radiante? Preguntas que surgen con el ser y la naturaleza del hombre a lo largo de toda la historia”. En ese enfoque de lo mexicano valdría actualizar ¿Qué es el mexicano? ¿Qué es lo mexicano? ¿Cómo haremos de la vida del mexicano algo profundo y radiante?

En tal virtud, podemos establecer que la soberanía nacional forma parte de la cultura del mexicano, sienta las bases de su porvenir y garantiza el derecho del pueblo a vivir en libertad y al amparo de la justicia. La cultura soberana de nuestro país tiene como premisa el interés general del pueblo en su conjunto, la cual otorga una concepción definida de cómo y para qué se quiere avanzar en el tiempo por venir; de ejercitar su propia espontaneidad; de ejercer sus fines y de crear las condiciones para resolver los problemas del presente; de la importancia de la integridad del territorio; de la capacidad de crear y ser productor de cultura, de reflexionar en el ejercicio y desarrollo de su inteligencia; de la forma en que se quiere hacer honor a su historia, a su dignidad como pueblo y a la firme voluntad de heredar un país valioso a las siguientes generaciones.

Es decir, la soberanía y la construcción de un proyecto de nación, nos ha dado la posibilidad de afirmarnos como mexicanos. La soberanía cultural en mi concepto como elemento crucial de la seguridad nacional, es equivalente a sobrevivencia como nación. La creencia en una cultura tan profundamente arraigada como la mexicana es la defensa de la soberanía nacional.

Una vez atendida las tres líneas de defensa abordaremos la conceptualización cultural que se presenta con la seguridad nacional de México.

Es conveniente destacar, que podría mencionar un sin número de definiciones de seguridad nacional, lo que equivaldría a dar una simple repetición, por cierto fragmentada, sin ningún rigor científico. Hasta aquí hemos expuesto que los elementos esenciales de la seguridad de la nación encuentran su fundamento en todo cuanto concierne a la cultura mexicana a través de un proceso histórico, político, sociológico y jurídicamente que nos identifica en la formación del Estado Mexicano, creando un sentido propio en la forma en que concebimos a nuestro proyecto nacional.

No pocos argumentan, que no tenemos proyecto como nación. Desde mi apreciación tal y como se ha expuesto, nuestro proyecto está en nuestra Carta Fundamental que determina del pasado, al presente y este a su vez al futuro representando la voluntad general y legitima de los mexicanos en donde se encuentran los objetivos nacionales y el mismo poder nacional integrado por los poderes de la Unión: Ejecutivo, Legislativo y Judicial y por los Estados en lo que toca a su régimen interior, que por medio de la soberanía al ser empleado para el bien y prosperidad de la nación así como para apoyar e impulsar cualquier acción que favorezca a los intereses nacionales, cuenta con todos los recursos y medios humanos, físicos y materiales que tiene la nación mexicana.

De suerte, que es posible afirmar que la seguridad nacional desde el constituyente de 1917 encuentra su razón, y que en México como un país independiente, libre y soberano, la seguridad nacional es una condición permanente que debe garantizar el Estado Mexicano utilizando el poder nacional para mantener los principios culturales que lo rigen y para la consecución de los objetivos nacionales, así como para neutralizar cualquier amenaza real o potencial que ponga en grave peligro o conflicto a la nación. Cabe resaltar, que derivado de la obligación constitucional de expedir leyes y establecer sus requisitos y limites, es hasta enero de 2005 con la publicación de la Ley en la materia, que de conformidad a su artículo 3 se establece en nuestro país que la seguridad nacional son las acciones destinadas de manera inmediata y directa a mantener la integridad, estabilidad y permanencia del Estado Mexicano, donde estas acciones  conllevan a lo siguiente:

  • La protección de la nación mexicana frente a las amenazas y riesgos que enfrenta nuestro país;
  • La preservación de la soberanía e independencia nacional y la defensa del territorio;
  • El mantenimiento del orden constitucional y el fortalecimiento de las instituciones democráticas de Gobierno, el mantenimiento de la unidad de las partes integrantes de la Federación señaladas en el artículo 43 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; y
  • La defensa legítima del Estado respecto de otros estados o sujetos de derecho internacional; y
  • La preservación de la democracia fundada en el desarrollo económico, social y político del país y sus habitantes.

Mandato que encaja y le da consistencia a lo que se ha expuesto sobre los elementos que le dan vida a la cultura mexicana y que están estrechamente vinculados a todo cuanto concierne a nuestra seguridad nacional. De tal manera que la cultura mexicana, desde su concepto amplio se aprecia en todos los ámbitos de la vida nacional: política, económica, social y militar.

Monumento a la Independencia

Partiendo de este planteamiento, la cultura mexicana por su sentido y significado demanda integridad, estabilidad y permanencia. Estamos hablando de una prioridad esencial: preservar al Estado Mexicano con capacidad de interpretar los intereses y aspiraciones nacionales, para establecer la orientación, conquista y conservación de los objetivos nacionales que sólo surge a través de la cultura mexicana.

Sin embargo, partiendo de la explicación que se ha dado y con un sentido autentico y crítico, desde 1917 hasta nuestros días, la atención y despacho de los asuntos de seguridad nacional han sido enfocados a acciones de seguridad interior y defensa exterior, seguridad pública y una difusa protección del Estado y no propiamente a cuestiones del fortalecimiento de la cultura mexicana. Es más, afirmo que ni siquiera se vincula a la seguridad nacional con la cultura mexicana.

De suyo, hace 3 décadas que oficialmente se hace mención sobre la administración pública de la seguridad nacional en la actuación de México, la cual presenta un vaivén en su comprensión, resultando ser hasta controvertidas las manifestaciones vertidas en seis consecutivos Planes de Gobierno de los diversos sexenios: 1980-1982, 1983-1988, 1989-1994, 1995-2000, 2001-2006 y 2007-2012.

No obstante, sin dejar de reconocer el trabajo ofrecido por muchos actores de este medio, estudiosos y los años de experiencia institucionales y a fin de dejar a un lado eufemismos en su concepto que eviten al máximo efectos perversos en la ejecución, puede decirse que en nuestro país la administración pública de la seguridad nacional encuentra su plena expresión, hasta la reforma de abril de 2004, cuando se adiciona la Fracción XXIX-M del artículo 73 Constitucional estableciendo la nueva facultad del Congreso General para legislar sobre la materia, y del mismo modo, cuando la fracción VI del artículo 89 otorga al Presidente la facultad y obligación constitucional de preservar la seguridad nacional. De donde sí tomamos el sentido literal de esta última facultad constitucional, preservar se entiende como: proteger anticipadamente de algún daño o peligro. Por lo que podemos considerar que bajo este tenor, la seguridad nacional presenta originalmente una connotación preventiva, donde el Presidente tiene la obligación de proteger y resguardar anticipadamente la seguridad de la nación mexicana, y por ende, al ser prioritaria, requiere de una actuación sin demora.

Lo que hace evidente, que en este incipiente sistema de seguridad nacional  resulta ineludible determinar cuál es la amenaza, de lo contrario toda la reflexión aquí vertida resultaría incompleta, y más aún, cuando de manera enigmática en el artículo 5 de la ley referida, determina en doce fracciones las amenazas a la seguridad nacional cuyos actos, no tienen nada que ver con cuestiones culturales. En cuanto a la amenaza, es necesario apuntar que ésta requiere de una evaluación integral, ya que al considerarla como tal, cuenta con medios y recursos suficientes para hacer inviable a la nación como tal, por consecuente a la pérdida de la identidad nacional, de la independencia, soberanía e integridad del territorio y a responder a exigencias siniestras, verdaderamente diferentes a los intereses y aspiraciones nacionales.

Ahora bien ¿Cuál es la situación que nos encontramos los mexicanos en cuestiones culturales? Para dar una respuesta objetiva acudiré a la Encuesta Nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales realizada por el INEGI en el año 2010 y editada por CONACULTA, la cual registra un nivel de confianza del 95% y un error ex-ante +/- 0.5%. En el campo de la literatura se registra que en promedio solo el 1% de los mexicanos han leído libros de esparcimiento, es decir el 99% de nuestra población no lee en sus tiempos libres y el 28.5% ha leído al menos un libro al año, así mismo casi 20% en el último año por diversas razones compro un libro. Las preferencias del género de lectura principalmente son la novela, historia, superación profesional, cuento y cocina. Asimismo, el 35% de la población tiene más de 10 libros en su casa, 24.2% en el último año asistió al menos una vez a la biblioteca y más del 86% no ha asistido a una librería, por su parte, en el último año más del 94% no escribe nada en su tiempo libre.

Respecto a espacios y recintos culturales en el que alguna vez se ha asistido: un poco más de la mitad lo ha hecho a museos y presentaciones de música en vivo principalmente ésta del genero de banda y grupera y sólo el 9.3% a presentaciones de música clásica y el 32.7% ha acudido a presentaciones de danza. Más de la mitad de la población refiere no haber ido a ninguna zona arqueológica: pirámides, ruinas, templos prehispánicos y el 43.5% que sí ha ido, sus destinos principales han sido Teotihuacán, Tajín Chichen-Itzá, Templo Mayor, Monte Albán, Palenque.

Se registra que la industria cinematográfica presenta una gran influencia para los mexicanos, toda vez que el 75.2% asiste al cine, preferentemente a ver películas de acción, de donde destaca que el 90% de esta población no ha visto ninguna película mexicana. Esta es la condición en que se encuentra la industria mexicana en el cine.

Un poco mas de 1/3 de la población ha ido alguna vez al teatro pero sólo el 8% en el año anterior, principalmente a ver obras del género de comedia, drama y musical y acudiendo preferentemente a la explanada del pueblo.

En cuanto a la exposición de artes plásticas: dibujo, grabado, escultura, pintura, arquitectura, sólo el 12% alguna vez ha asistido y del mismo modo casi el 13% a las relativas de artes visuales: fotografía, arte multimedia, escenografía, diseño gráfico, performances y cómics.

Referente a prácticas artísticas y culturales: resalta que el 87% de la población en el último año no ha asistido a centros culturales sobre presentaciones y exposiciones de pintura, escultura, música y del mismo modo el 81% no ha acudido algún monumento histórico: catedrales, haciendas, estaciones de ferrocarriles, ex conventos, casas de gobierno, estatuas. Otra perspectiva, se presenta en la asistencia de festividades tradicionales donde un poco más del 43% de la población mexicana asiste principalmente a las patronales, locales y patrias.

En nuestro país se registra un bajo porcentaje de los mexicanos con edad de 13 a 18 años que están interesados en estudiar aspectos relacionados con la cultura o las artes y aún más bajo es el porcentaje de los que actualmente estudian o la practican.

Concerniente al turismo cultural el 98% de la población no ha realizado ningún viaje con motivos culturales y el 8% que lo ha efectuado, ha sido para conocer destinos tales como Teotihuacán, Veracruz, Oaxaca, Yucatán, Chiapas y Guanajuato principalmente. No obstante de estos datos, más de 2/3 partes de los mexicanos considera que su ciudad es un destino atractivo para visitantes de otros estados y extranjeros. De alguna manera más de 2/3 de la población cuenta con el interés por conocer sobre el patrimonio inmaterial de nuestro país: platillos tradicionales mexicanos, danzas tradicionales mexicanas, mitos o leyendas, tradicionales mexicanas y artesanías regionales mexicanas.

Los mexicanos somos una sociedad muy expuesta a los medios, toda vez que se registra que el 76% escucha la radio donde en su conjunto el 92% aproximadamente lo hace entre 1 y 2 horas y media al día principalmente escuchando estaciones de música, noticias, deportes y espectáculos. Por su parte, el 90% de la población ve la televisión de donde también en su conjunto el 94% aproximadamente destina entre 1 y 2 horas y media al día en programas de noticias, telenovelas, deportes, música y películas extranjeras.

Más de 2/3 partes de la población emplea Internet y en su uso diario en su conjunto el 89% lo ocupa entre 1 y más de 2 horas para buscar información, distraerse y chatear.

Considerando estos registros de exposición de medios resulta contradictorio a la manifestación de la mayoría de la población, respecto a que esencialmente por falta de tiempo y dinero no acude a otras prácticas culturales. En el factor de recursos económico destinados al medio cultural: destaca también que en nuestro país aproximadamente el 70% de los mexicanos no invierte nada de dinero en cuestiones culturales principalmente de artesanías, espacios culturales y libros.

Y sobre el factor de tiempo disponible para los mexicanos, registra que casi 2/3 partes de la población manifiesta no contar con tiempo libre en un día normal entre la semana, de donde la mitad de los que sí lo tienen lo dedican primordialmente a descansar, ver televisión, escuchar música e ir al cine.

Después de este análisis que advierte una frágil realidad mexicana y ante la gran acometida de medios a los que nos encontramos expuestos, en lo personal considero que en nuestros días la cultura mexicana y por ende la seguridad nacional, se encuentran amenazadas y con riesgos tangibles.

De manera que la amenaza que se advierte es “el distanciamiento cultural” que conduce a una paulatina pero creciente pérdida de identificación con nuestra sociedad. Es decir, si nosotros los mexicanos que habiendo comenzado por vivir en una cultura en la que nos identificamos plenamente, al adoptar otros valores ajenos, distantes a nuestras necesidades, se puede aprender a actuar y hasta pensar de acuerdo con otra cultura, pero cuando se requiera tomar una decisión, nos encontraremos perdidos, sin los elementos de referencia que nos proporciona nuestra cultura para identificar y enfrentar nuestros problemas, formular objetivos y hallar e instrumentar los medios para resolverlos y alcanzarlos.

Esta desnacionalización cultural implica la devaluación o negación de lo propio, la ruptura con todos los lazos del pasado y por ende, con la compleja realidad mexicana en la primera década del siglo XXI.

Se trata pues de la pérdida de la identidad nacional y por consiguiente de libertad y de soberanía: es el alejamiento que atinadamente  plantea Guillermo Bonfil el cual desplaza paulatinamente la cultura de la sociedad a que se pertenece, por una cultura imaginaria, “cambiando de realidad que es muy distinto a la aspiración de cambiar la realidad”. El distanciamiento de nuestra cultura, se identifica a partir de los intereses de dominación que bajo el título de “modernidad” aspiran a proyectar valores culturales más allá de sus límites territoriales.

Al respecto María D. Paris en Crisis e Identidades Colectivas en América Latina plantea que esta modernidad pretende ante todo, un modelo cultural hegemónico en que dominen los valores de efectividad, instantaneidad, compatibilidad y criterios de prestigio; ejemplo de ello resulta ser la imitación a los valores de los Estados Unidos y me refiero principalmente a este país por nuestra situación geopolítica y por la innegable influencia y asimetrías que tiene con México. Se trata de la imposición de un modelo de desarrollo mediante la combinación de factores de dominación política, de obligación económica y de incitación cultural, que pretenden consolidar lazos de control.

Hamish McRae, experto analista con gran influencia en Europa sobre las tendencias futuras en la economía mundial, empresa y sociedad, sostiene la paradójica tesis de que las principales fuerzas de la economía estadounidense, no son los recursos naturales ni las economías de escala de ese país, sino su cultura y su intelecto. Pero no se refiere a los grandes novelistas, dramaturgos, poetas, pensadores o arquitectos de los Estados Unidos, sino al dominio cultural -como lo llama- que ejerce del cine, la televisión, el vídeo, los juegos, los libros, los periódicos y la música popular por medio del desarrollo y control de la tecnología. A partir de esto define a los Estados Unidos como explotador de cultura, de su viabilidad y penetración efectiva.

La cuestión que es preciso comprender claramente, es que esta cultura hegemónica, se sustenta en intereses transnacionales a los que no importan entre otros, fronteras, costumbres ni tradiciones de otras naciones.

Sus símbolos y valores pretenden asentarse como los definitivos y superiores de toda la humanidad; es un fenómeno que consiste en un conjunto de elementos socio-culturales que legitiman sus intereses, creando con ello una base cultural para la dependencia y para el consumo masivo y lucrativo.

Su influencia se ejerce, como ya se mencionó, por la imposición de aquellos valores que se consideran correctos a través del desarrollo y control de la tecnología, y sobre todo, dado el enorme avance de las telecomunicaciones y hoy redes sociales que promueven los conceptos tanto de “American Dream” como “American Way of Life”. Que en esencia  “sueño americano” o “forma de vida americana” en la práctica resultan contradictorios.

Para ello, utilizan fábricas de propaganda, con la misión de difundir su concepto de la vida, de la sociedad, de los valores y en sí de la cultura. Efectos realizados por especialistas mediante técnicas perfeccionadas, hacen que la información hipnotice la conciencia, dinamizando la inconsistencia para que la persona reproduzca patrones de comportamiento, es decir, gustos, aficiones, modas, formas de consumo y estilos de vida diferentes, los cuales por lo regular ni son advertidos siquiera y que por lo tanto responden a otros intereses, ajenos y aun contrarios a los verdaderamente nuestros.

No hay mejor ejemplo de esta práctica de seducción subliminal, con la imposición que acabamos de experimentar en México a través del Programa “El Buen Fin”, incluso, generando declaraciones seudoestelares tales como: “lo que demuestra que unidos, se hacen cosas muy buenas en beneficio de todos. Tema que por supuesto merece ser estudiado con seriedad.

Paradójicamente es un estadounidense escritor y futurista, Alvin Toffler, en El Shock del Futuro, quien afirma que “la adhesión a un estilo de vida con preferencia a otra, es una súper decisión. Es una decisión de orden más elevado que las decisiones cotidianas corrientes. Es la decisión de reducir el campo de alternativas con que habremos de enfrentarnos en el futuro…Es doloroso porque ya no pertenecemos a nada…Peor aún: nuestros principios básicos son puestos en tela de juicio, debiendo enfrentarnos solos, sin la seguridad de una política definida y fija”. Por lo que considero que es equivocado lo que diversos actores con influencia en nuestro país expresan, al desestimar como exagerado el hecho de que los medios a los que estamos expuestos pueden debilitar a nuestra cultura, a nuestra identidad, por consiguiente, a nuestros ideales que conforman el espíritu de los mexicanos. En esto también, se constituye la defensa de la sobrevivencia de nuestra cultura para asegurar nuestra identidad frente al gran embate de la pretendida identidad global, que en términos prácticos significa, que veamos los mismos programas de televisión, que se tengan las mismas ideas, que consumamos de manera indiscriminada los mismos productos o mercancías, que no innovemos, que sólo recibamos las creaciones del exterior y en sí, que se compartan los mismos valores.

Por tanto, es necesario insistir en que nuestra cultura es el ámbito de la iniciativa de la creatividad en todos los órdenes, capaz de dar respuesta autónoma ante la agresión, y dominación e imponer la esperanza como valor de los fines de los mexicanos en el beneficio de ellos mismos.

Desde luego no se busca tratar de rechazar todo cuanto viene del exterior, tal y como se ha mencionado anteriormente, un falso aislamiento nos llevaría al fracaso. Lo inadmisible es que, en vez de tomar del exterior lo que enriquezca nuestra vida y refuerce las bases culturales propias, se renuncie a éstas, a nuestros valores fundamentales. Por ello, lo que si se busca, es la defensa de la sociedad y de la cultura como proyectos nacidos de nuestra herencia, de nuestra imaginación colectiva y de nuestra voluntad, de nuestra memoria histórica y de nuestro proyecto nacional.

Por lo expuesto, la modernización sólo puede ser concebida, como la necesidad de adaptar concepciones, estructuras, métodos, sistemas y procedimientos acordes a nuestra cultura y con los objetivos nacionales. Con esta perspectiva en México, las transformaciones políticas, económicas, sociales y en su caso militares, únicamente se podrán realizar con base en esta misma cultura que proporciona identidad, libertad, independencia y soberanía de nuestras acciones.

Se puede considerar que la modernización y el concepto de desarrollo es una confrontación, en la que está poniendo a prueba la individualidad, la vitalidad, la capacidad de respuesta y transformación de nuestra sociedad en términos culturales

Como se ha visto y si consideramos que no todos los asuntos corresponden al campo de la seguridad nacional.  Es a través del análisis y evaluación de los problemas y antagonismos que se identifican en el país, que requieren jerarquizar su prioridad, donde la tesis expuesta “La Defensa de la Sobrevivencia de Nuestra Cultura como Garantía de Seguridad Nacional”, destaca como premisa indispensable.

En este sentido al ampliar la capacidad de participación, procurar y fortalecer nuestra cultura, alentándola, promoviéndola y difundiéndola, sentando las condiciones para que pueda florecer en un ámbito de una acción eficaz y sin intermediarios, y a través del respeto irrestricto a la libertad de creación, implica tareas tanto internas como externas, y de no atenderse lo expuesto con anterioridad se permitiría una aceptación de dominación cultural.

Finalmente, en relación directa con lo que se ha expuesto, una vez más hay que darle el valor y su real dimensión que en este importante y vital quehacer cultural, con tareas de investigación, el estudio y la divulgación de las ciencias, las humanidades, las artes y las técnicas para el conocimiento de los problemas nacionales y la búsqueda de sus soluciones, realiza por más de un siglo esta Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco y otras instituciones afines. Para ellas y sus integrantes me permito pedir su reconocimiento y un aplauso.

B I B LI O G R A F Í A

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Diario Oficial

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  • Órgano del Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos. Diario Oficial de la Federación. México: 21 de febrero de 1996.
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