Posteado por: Alvarolopez50 | noviembre 18, 2012

De Finlandia a México… al final en Jalisco

EDUCANDO EN LA EXCELENCIA. Modelo educativo en Finlandia la referencia:

Los logros de este país en educación están obligando a otras naciones a hacer  mejor su tarea.

Era el final de cursos en la Escuela Integral Kirkko-járvi, en Espoo, un suburbio de Helsinki, cuando Kari Louhivuo-ri, maestro veterano y director del colegio, decidió probar algo extremo. Uno de sus alumnos, un niño koso-var albanés de 13 años, se había rezagado mucho en el aprendizaje. El equipo de educadores especiales de la escuela —entre ellos una trabajadora social, una enfermera y una psicóloga— determinó que el retraso no era por pereza, así que Louhivuori hizo que el chico repitiera los cursos, una medida tan rara en Finlandia que prácticamente ya es obsoleta.

Finlandia ha mejorado muchísimo en lectura, matemáticas y ciencias en la última década, en gran medida porque confía en que sus profesores harán todo lo que haga falta para que los jóvenes salgan adelante. El alumno rezagado, Besart Kabashi, recibió algo parecido a las clases particulares del hijo de un monarca.

“Tomé a Besart como mi alumno particular”, me dijo Louhivuori. El niño estuvo pegado al escritorio del director, abriendo libros, leyéndolos lentamente uno por uno, y después

devorándolos por decenas. Al final del año ese chico refugiado de Kosovo había dominado la lengua de su país adoptivo y se había dado cuenta de que en verdad podía aprender.

Siete años después, cuando Besart ya tenía 20 de edad y un taller propio de reparación de autos, se presentó en la fiesta navideña de la Escuela Kirkkojarvi con una botella de coñac de regalo. Sonriendo de oreja a oreja, se la dio a Louhivouiri y le dijo: “Usted me ayudó. Gracias”.

“No fue nada especial”, me comentó el director con modestia. “Eso es lo que hacemos todos los días: preparar a los niños para la vida”.

Nada de exámenes

Esta historia de un niño rescatado nos proporciona una pista de las razones del historial de éxito educativo de este país nórdico. “Todo lo que haga falta” refleja la actitud que impulsa no sólo a los 30 maestros de Kirkkojarvi, sino a los 62,000 educadores de Finlandia, profesionales que se seleccionan de entre el 10 por ciento de los graduados más sobresalientes del país para obtener una maestría en pedagogía.

El director de Kirkkojarvi, Kari Louhivuori, bromea con los niños en su aula. “Tenemos una gran motivación para alcanzar el éxito porque nos encanta el trabajo”, dice.

Muchas escuelas son pequeñas para que los maestros conozcan a cada uno de sus alumnos. Si algún método les falla, consultan con sus colegas para intentar algo distinto. Al parecer, les entusiasman mucho los retos. Casi 30 por ciento de los niños finlandeses reciben algún tipo de ayuda especial. La Escuela Kirkkojarvi atendió a 240 niños de primero a noveno grados en 2011, y más de la mitad de sus 150 alumnos de primaria eran inmigrantes. “Los hijos de familias ricas con mucha educación pueden tomar clases con maestros tontos”, comentó Louhivuori sonriendo. “Nosotros tratamos de educar a los niños desfavorecidos. Es algo muy arraigado en nuestra forma de pensar”.

La transformación del sistema educativo finlandés empezó hace unos 40 años, como el principal impulsor de la recuperación económica del país. Los educadores no se percataron de que fuera tan exitosa hasta el año 2000, cuando los resultados del Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), un examen estandarizado que se aplica a chicos de 15 años de edad en más de 40 lugares del planeta, revelaron que los finlandeses eran los mejores lectores del mundo. Tres años después, llevaban la delantera en matemáticas, y en 2006 Finlandia ocupaba el primer sitio en ciencias.

Unas niñas de primer grado con el maestro Aleksi Gustafsson, de la Escuela Siilitie, quien creó un ejercicio de “matemáticas al aire libre” para los alumnos.

Sin embargo, Timo Heikkinen, director de la Escuela Kallahti de Helsinki, observó: “Si sólo se tienen en cuenta las estadísticas, se pierde el aspecto humano”. No existen exámenes estandarizados obligatorios en Finlandia, excepto uno que se aplica al final del último grado de bachillerato. No hay clasificaciones ni comparaciones entre alumnos, escuelas o regiones. Las escuelas de Finlandia cuentan con financiamiento público. Las personas de las dependencias gubernamentales que las administran son educadores, no gente de negocios ni políticos de carrera.

Cada escuela tiene las mismas metas nacionales y se surte de la misma fuente de educadores con capacitación universitaria. Debido a ello, un niño finlandés tiene altas probabilidades de recibir la misma educación de calidad sin importar dónde viva. Las diferencias entre los mejores estudiantes y los menos aplicados son las más pequeñas del mundo. “Igualdad es la palabra más importante en la enseñanza finlandesa. Todos los partidos políticos coinciden en esto”, dijo Olli Luukkainen, presidente del sindicato de maestros del país.

Noventa y cinco por ciento de los finlandeses se gradúan del bachillerato o de una escuela vocacional, 19 puntos porcentuales más que la tasa de Estados Unidos, 21 más que la de Suecia y 14 más que la de Italia; además, Finlandia gasta cerca de 30 por ciento menos por alumno que Estados Unidos. Alrededor del 66 por ciento de los alumnos continúa con la educación superior, la tasa más alta de la Unión Europea. “Preparamos a los niños para que aprendan a aprender, no para que sepan cómo contestar un examen”, señaló Pasi Sahlberg, ex maestro y actual ministro de Educación y Cultura de Finlandia.

Vínculos fuertes

Un día de abril, en la Escuela Kirkko-jarvi, Maija Rintola se paró frente a su grupo de 23 niños de siete y ocho años de edad, quienes hablaban casi a gritos. Sonrió, levantó la mano y la movió hacia un lado: su manera comprobada de hacer que guardaran silencio. Los chicos acababan de regresar del recreo de 15 minutos al aire libre entre lecciones. “Jugar es muy importante a esta edad”, diría después la maestra. “Valoramos el juego”.

Los niños tomaron de sus pupitres bolsitas con botones, frijoles y tarjetas de plástico numeradas del 1 al 20. Una ayudante de Maija repartió tiras amarillas que representaban decenas. En una pantalla interactiva colocada al frente, la maestra repasó con los niños los principios del sistema de numeración decimal; luego recorrió el salón para ayudar a cada alumno. Los primeros en terminar se enfrascaron en un juego mental avanzado. Al cabo de 40 minutos, era hora de un almuerzo caliente en el comedor.

Arjariita Heikkinen, directora de la Escuela Siilitie de Helsinki, charla con una alumna en el almuerzo. 

Es casi inaudito que un niño llegue a la escuela con hambre o sin tener un hogar. Finlandia les concede a los padres de familia una licencia de tres años por maternidad, así como guarderías subsidiadas y kínderes para todos los niños de cinco años de edad, donde se enfatiza el juego y la socialización. Las escuelas proporcionan alimentos, atención médica, orientación a los padres y, de ser necesario, servicio de taxi gratis.

No obstante, Maija me contó que sus alumnos llegaron en agosto con enormes diferencias en su nivel de lectura. Para abril, ya casi todos sabían leer y escribir. A los varones los habían convencido de iniciarse en la literatura con libros como Kapteeni Kalsari (“Capitán Calzoncillos”). La maestra de educación especial de la escuela hizo equipo con Maija para enseñar a cinco chicos que tenían problemas de conducta y de aprendizaje. La meta nacional en los últimos cinco años ha sido colocar a todos los niños dentro de los programas regulares establecidos. A los alumnos de Maija que son inmigrantes los hacen tomar además clases de finlandés como segundo idioma.

Los maestros y maestras de Kirkko-jarvi han aprendido a lidiar con grupos grandes de alumnos inmigrantes. Las autoridades de Espoo les ayudan con 82,000 euros extras al año en fondos de “discriminación positiva” para pagar servicios como orientadores y maestros de educación especial.

“Si nuestra meta era ser competitivos, debíamos educar a todos los niños”.

—Pasi Sahiberg, ministro de Educación y Cultura

Maija enseñará a los mismos niños el próximo año y quizá en los cinco siguientes. “Establezco vínculos fuertes con ellos”, me comentó. Además de finlandés, matemáticas y ciencias, los chicos de primer grado toman clases de música, arte, deportes, religión y manualidades textiles. El inglés empieza en el tercer grado, y el sueco en el séptimo, pero los alumnos pueden comenzar en el cuarto si lo desean. Cuando llegan al quinto grado, estudian también biología, geografía, historia, física y química.

Soluciones creativas

Me preguntaba si el éxito de Kirkko-járvi no sería una mera casualidad. Algunos reformadores estadounidenses sostienen que su país tiene poco que aprender de una nación de sólo 5.4 millones de habitantes. Muchos “críticos del PISA” en Alemania y el Reino Unido afirman que el éxito de Finlandia se debe a factores sociales y demográficos, como lo homogeneidad social, la baja tasa de inmigración y la poca densidad poblacional, lo cual significa grupos pequeños. Con todo, los finlandeses al parecer han descubierto algo. La vecina Noruega sigue políticas educativas similares a las de Estados Unidos: usa exámenes estandarizados y docentes sin grado de maestría, y sus puntuaciones PISA, al igual que las de Estados Unidos, se han estancado en los rangos medios desde hace casi una década.

Para ver otra muestra, me dirigí a un barrio de Helsinki llamado Siilitie. La escuela, de 50 años de antigüedad, se ubica en una zona boscosa. La mitad de sus 200 alumnos tienen problemas de aprendizaje. Todos, excepto los que tienen las dificultades más apremiantes, se mezclan con los niños de instrucción general, de acuerdo con las políticas finlandesas.

Los niños de primer grado correteaban entre los árboles, cada uno con un mazo de tarjetas de “matemáticas al aire libre” elaboradas por su maestro. “Encuentra una vara tan larga como tu pie”, decía una. “Recoge 50 piedras o bellotas, y colócalas en grupos de 10”, señalaba otra.

Trabajando en equipos, los chicos, de siete y ocho años, se apresuraban a llevar a cabo las tareas. El maestro, Aleksi Gustafsson, creó ese ejercicio después de asistir a un taller gratuito. “Para los niños es muy divertido trabajar al aire libre”, comentó. “Realmente aprenden”.

La escuela recibe 47,000 euros al año en financiamiento de discriminación positiva para contratar maestros de educación especial y asistentes. En Siilitie hay un profesor o un ayudante por cada siete alumnos.

En un aula, dos maestras de educación especial habían inventado una especie de enseñanza en equipo. Una de ellas, Kaisa Summa, el año anterior había tenido dificultades para controlar a sus alumnos de primer grado. Se asomó al salón del grupo de segundo grado de la maestra Páive Kangasvieri, donde reinaba la calma, y se preguntó qué secretos podría compartirle su

colega. Kaisa le pidió a Páive que juntaran a sus grupos en la clase de gimnasia, con la esperanza de que el buen comportamiento de los alumnos mayores fuera contagioso. Funcionó. Este año los dos grupos se fusionaron durante 16 horas a la semana. Páive es una maestra firme, mientras que Kaisa tiene un trato más afable. “Nos complementamos”, dijo Paive. “Es un magnífico ejemplo de la enseñanza cooperativa”.

Casi todos los alumnos de noveno grado continúan con el bachillerato. Incluso los que tienen discapacidades encuentran un lugar en el sistema de escuelas vocacionales de Finlandia, a las cuales asiste el 41 por ciento de los estudiantes finlandeses, que se capacitan para trabajar en restaurantes, hospitales, oficinas y obras en construcción.

Un esfuerzo nacional

Las escuelas de Finlandia no siempre fueron una maravilla. A principios de los años 60, la mayoría de los niños abandonaban las escuelas públicas después del octavo grado. Sólo los privilegiados y los afortunados recibían una educación de calidad. En 1968, el Parlamento finlandés decidió que la educación pública era la mejor oportunidad para lograr el progreso económico. “Si nuestra meta era ser competitivos, debíamos educar a todos los niños”, dijo Pasi Sahlberg. “La idea era que cada uno de ellos tuviera una buena escuela pública”.

La enseñanza se organizó a través de un sistema de escuelas integrales para niños de entre 7 y 16 años. Maestros y maestras de todo el país aportaron ideas para un plan de estudios nacional. Los recursos se distribuyeron equitativamente. A medida que las escuelas integrales mejoraban, también lo hacían las de secundaria y las de bachillerato.

En 1979, los reformadores exigieron que todos los docentes obtuvieran un grado de maestría en una de las ocho universidades estatales de Finlandia, y que el gobierno los subvencionara. Como resultado, los maestros lograron un estatus igual al de los médicos y los abogados. Se produjo un aluvión de profesores solicitantes, no porque los salarios fueran elevados, sino porque la autonomía y el respeto hacían atractivos los puestos. En 2010, unos 6,600 solicitantes compitieron por 660 vacantes de capacitación para educación primaria.

Para mediados de los años 80, el plan de estudios nacional adoptó unos lineamientos más amplios. Se eliminó la clasificación de niños en grupos según sus habilidades. A todos se les

enseñaría en las mismas aulas, con ayuda de maestros de educación especial para garantizar que ningún alumno se rezagara. Se depositó la responsabilidad en los docentes y los directores de escuela. “Tenemos una gran motivación para alcanzar el éxito porque nos encanta el trabajo”, dijo Kari Louhivuori. “Nuestros incentivos provienen de dentro”.

Tareas pendientes

A Finlandia le quedan algunos retos. En los años 90, los inmigrantes inundaron el país. El director de la Escuela Kallahti, Timo Heikkinen, se dio cuenta de que a los padres de familia ricos les preocupaba que hubiera muchos niños somalíes en ese colegio, y empezaron a enviar a sus hijos a otras escuelas. Ante esto, Heikkinen y sus maestros idearon nuevos cursos de ciencias ambientales para aprovechar la cercanía de la escuela con el bosque. Hoy, un flamante laboratorio de biología con tecnología tridimensional permite a los estudiantes mayores observar la circulación de la sangre dentro del cuerpo humano.

Heikkinen reconoce que estas ideas aún no se generalizan. “Pero siempre estamos buscando maneras de mejorar”, añade. En otras palabras, harán todo lo que haga falta.

¿Cuánto nos falta para ser un país de clase media?

Por Luis Miguel González (lmgonzalez@eleconomista.com.mx)

La clase media en México creció 17% en la década pasada, dice el Banco Mundial. Eso suena bien, pero no es motivo de celebración. No es una buena noticia.

En primer lugar porque eso significa que estamos rezagados respecto a América Latina, donde la clase media creció 50% en el mismo periodo. En segundo lugar porque ese 17% de crecimiento no es suficiente para volvernos un país de clases medias: el grupo predominante sigue siendo la clase baja. En tercer lugar y, quizá más importante, porque ese magro crecimiento refleja un asunto más grave: no hemos tomado la decisión como país de apostar por ser clasemedieros.

México no tiene una política pública consistente para desarrollar las clases medias. Puede parecer una frivolidad hacer este planteamiento en un país que tiene más de 40 millones de pobres. No lo es. Ganar entre seis mil y 15 mil pesos implica que se está en uno de los tres primeros deciles económicos de México, pero eso no quiere decir casi nada, más allá de la estadística. Una familia en este rango de ingreso es clase media, pero “nueva clase media”.

Antes, dicho estatus era sinónimo de estabilidad, ahora es encarnación de la vulnerabilidad. Uno de los eslabones más débiles de la cadena: una enfermedad, un divorcio o un despido laboral bastan para arrojarlos del “paraíso”.

No es casual que el informe del Banco Mundial ponga tanto énfasis en la vulnerabilidad de la clase media, en particular de lo que ellos llaman clase media baja. El incremento de ella está vinculado a una buena racha de crecimiento económico y a la ejecución de políticas sociales orientadas a facilitar la movilidad hacia la clase media desde la clase baja.

Uno de los mayores retos es generar políticas públicas que impidan la movilidad en sentido descendente. Esto puede traducirse en formas creativas de protección social e innovación en el sistema educativo.

La educación de calidad es un factor crucial en el desarrollo de las clases medias, pero América Latina es la región donde es mayor la diferencia en la educación a la que tienen acceso las clases altas y bajas. Dicho de otra manera: el sistema educativo exacerba la desigualdad de oportunidades, en vez de atenuarlas.

¿Por qué preocuparse por ser un país clasemediero? Ser un país con una clase media grande o grandota tiene implicaciones en la vida pública: una sociedad más exigente demanda un gobierno más eficiente.

Esta exigencia, en democracia, mejora la calidad de los gobiernos. En materia económica, las clases medias son fundamentales para el desarrollo del mercado de bienes de consumo duradero: automóviles, electrodomésticos y viviendas, así como de algunos servicios relativamente sofisticados por ejemplo turismo y entretenimiento. En un escenario internacional plagado de riesgos, el tener una clase media amplia otorga estabilidad al crecimiento económico, “es más sostenible que un modelo basado en las exportaciones”, apuntaba el Brookings Institute en 2011.

América Latina ha empezado a proyectarse como un continente de clases medias. Lo dice el informe del Banco Mundial y lo confirman las políticas emprendidas por varios países.

Sebastián Piñera habla de un Chile donde no habrá extrema pobreza en 2020. Dilma Rousseff enfatiza que Brasil tendrá la clase media más importante de América Latina. México todavía no da el paso, ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo?

En Jalisco desaprovechan el programa de Escuelas de Calidad

La mitad de las escuelas inscritas al programa son preescolares, pero este nivel no figura en ENLACE. ARCHIVO

    • Educación. Estrategias de pedagogía

Muchos directores de primarias y secundarias han preferido no participar por la carga administrativa que representa

GUADALAJARA, JALISCO (17/NOV/2012).-Aunque el Programa Escuelas de Calidad (PEC) está enfocado a mejorar el logro académico en nivel básico, directores de primarias y secundarias de Jalisco han preferido mantenerse al margen de esta iniciativa federal por la carga administrativa que representa y por la resistencia de docentes, que no se aplica si no está de acuerdo la mayoría de los integrantes de un plantel.

Los que sí lo aprovechan son los preescolares, que en el Estado son casi la mitad de los inscritos, aunque este nivel no figura en la Evaluación Nacional de Logro Académico en Centros Escolares (ENLACE), indicador en que se basa el PEC.

El secretario de Educación estatal, Antonio Gloria Morales, reconoce el desequilibrio, pues la prioridad es incluir a primarias y secundarias donde sí es posible medir los resultados. “Probablemente las directoras de preescolar traen más inquietud, más tiempo, pero está para todos”.

Hoy, de los 14 mil 800 planteles de educación básica activos en Jalisco, dos mil 705 están afiliados al PEC y 45%, o mil 230, son de preescolar; hay 888 primarias, 500 secundarias, 44 de educación indígena y 43 del Programa para Niños Migrantes.

Pese a la baja participación de primarias y secundarias en PEC, los resultados en ENLACE indicaron  mejoría de 2009 a 2011, cuando creció la cifra de escuelas incorporadas.

“De 65 zonas escolares, en 37 aumentó el porcentaje de alumnos de secundaria entre ‘bueno’ y ‘excelente’ en Español y Matemáticas. En primaria, de 49 sectores, en 38 subió el porcentaje de ‘bueno’ y ‘excelente’”, extiende Karla Padilla Ledezma, coordinadora de PEC en Jalisco.

El programa implica que la escuela genere estrategia para su gestión pedagógica, con participación de directivos, maestros, padres, estudiantes y de la SEJ. Para  2012-2013, Jalisco destinó 28 millones de pesos al programa y el Gobierno federal  triplicó la cifra, de manera tal que este año el PEC cuenta con recursos de poco más de 100 millones de pesos.

En Guadalajara ICONO incursionó con una edición especial para promover un camino haca la excelencia de la Preparatoria de Jalisco No. Uno en el año de 2011 logrando grandes avances en los niveles de aprovechamiento en los alumnos, pero no logrando el puntaje necesario para que dicha preparatoria perteneciendo al SEMS (Sistema de Educación Media y Superior de la UdeG) lograra su aceptación en el registro de Preparatorias inscritas en los esquemas de calidad.


Responses

  1. When I originally commented I clicked the “Notify me when new comments are added”
    checkbox and now each time a comment is added I get four e-mails with the same comment.

    Is there any way you can remove people from that service? Appreciate it!

    • Thanks for writing … desetiquetar not like the ads that send emails to those who rent. We appreciate your interest and we regret the number of repeated warnings.

      I suggest consulting wordpress.com

  2. Por otra parte, por medio de las Unidades de Servicios de Apoyo a la Educación Regular (USAER) se apoya el proceso de integración educativo de alumnos que presentan necesidades educativas especiales asociadas con una discapacidad y/o aptitudes sobresalientes, en las escuelas de educación regular de preescolar, primaria y secundaria.

  3. Great post. I used to be checking constantly this weblog and I am
    impressed! Very helpful information specifically the final section🙂 I handle
    such information much. I was looking for this certain info for a
    long time. Thanks and best of luck.

  4. Los niños con necesidades especiales suelen tener problemas para aprender conceptos y adquirir capacidades en el ambiente de un aula tradicional. Con un lugar especial, los niños que deben acudir a escuelas de educación especial pueden lograr los mismos objetivos educativos que sus compañeros no minusválidos. Los educadores pueden promover estrategias de aprendizaje de educación especial usando las fortalezas e intereses del niño para ayudar a superar los obstáculos de aprender en un aula de educación general.

  5. Los maestros tienen un papel fundamental en la promoción del desarrollo intelectual y social de los niños durante sus años formativos. La educación que los alumnos adquieren es fundamental para determinar su futuro. Ya sea en las escuelas públicas o privadas, primarias o secundarias, los maestros brindan las herramientas y el entorno para que sus alumnos se desarrollen como adultos responsables.

  6. Otros requisitos. Los maestros de educación especial deben ser organizados, pacientes, capaces de motivar a los alumnos, comprensivos respecto de las necesidades especiales de los alumnos y abiertos para aceptar las diferencias en los demás. Los maestros deben ser creativos y aplicar distintos tipos de métodos de enseñanza para llegar a los alumnos con dificultades de aprendizaje. La comunicación y cooperación son capacidades esenciales, ya que los maestros de educación especial pasan mucho tiempo interactuando con otros, incluyendo los alumnos, sus padres y otros maestros y administrativo de las escuelas.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: