Posteado por: Alvarolopez50 | noviembre 19, 2012

Hecho en México La Película

Cartel de la película

Cartel de la película

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Es un documental patriota que le pone a muchos xenófobos los pelos de punta porque el director es un extranjero, el británico Duncan Bridgeman; para colmo huele a Televisa, aroma que los créditos intentan disimular anunciando a Emilio Azcárraga y a Bernardo Gómez como productores, escuetamente; aletea sobre las aguas de la miseria, la injusticia, la corrupción, el narco terror, sin llegar a tocarlas; y sin embargo,Hecho en México (2012) se mueve.

En su afán por abarcar la totalidad de temas del alma mexicana, el amor, la relación entre los sexos, la amistad, la muerte, las adicciones, la religión, la espiritualidad guadalupana, lotería de efigies danzas y máscaras, el documental fracasaría rotundamente si no fuera porque la música ajusta el florilegio y justifica la muestra. Lynn Fainchtein, productora y experta musical de géneros que van del rock al danzón, del pop al folclor tradicional, acumuló cientos de horas de diferentes expresiones musicales; seleccionar algunos números de tantos habrá sido un trabajo penoso.

Claro que diversidad cultural y riqueza de tradiciones musicales, viejas y nuevas, sobran en México, y justo ahí está el detalle, no basta con recolectar y encimar; Lynn Fainchtein y Duncan Bridgeman supieron curar su exposición,Hecho en México posee ritmo, se aprecia la composición inteligente del montaje, del video musical; si el rango es demasiado  amplio,  la  elección  denota criterio. Sobre todo en ciertos grupos, el público descubre el buen gusto de incluir –los números fuertes diría yo– a músicos huicholes, o a raperos chamulas cantando en maya; la canción de la cusinela (sic) o “quién lleva los pantalones” en lengua huichol, es una gozada.

Si el documental no va más lejos, política y antropológicamente, del comentario del padre Julián Pablo, acerca de que adoramos a los indígenas muertos y a los vivos los despreciamos, la imagen, el canto y la música sí van… lo necesario. Prueba de ello, el final con el grupo chamula tocando en un recinto bellas melodías, pero nostálgicas y oscuras; el espectador sale de la sala de cine con ese sabor. En el fondo no hay engaño, el público mexicano sabe qué cosa resuena bajo la superficie de las buenas intenciones de Hecho en México; provenga de donde sea, el espectador nacional no puede escaparse de construir su propio sentido cuando se trata de este tipo de expresiones.

Podría decirse que Hecho en México se compone de temas que se quieren antropológicos, se estructura a partir de comentarios, la mayoría inteligentes, en entrevistas de actores, intelectuales y artistas, desde Juan Villoro, Daniel Giménez Cacho hasta Diego Luna, pasando por el alburero payaso Brozo y la renacida Gloria Trevi. En suma, si el mensaje de este documental es meloso, los personajes son densos, dicen lo que piensan; los números musicales fuertes, de lo urbano callejero, autóctono, comercial hasta lo clásico. Y si esto no convence, por la entrevista a la nonagenaria Chavela Vargas, que se suelta cantando, ya valdría la pena ver el documental.

20 / 09 / 2012

Septiembre es el mes ideal para Hecho en México, producida por Lynn Fainchtein y dirigida por Duncan Bridgeman, músico londinense conocido por su trabajo como compositor y realizador en el dúo 1 Giant Leap.

Tres puntos clave que deben conocer antes de ver Hecho en México: a) en verdad no tiene guión, b) la dirigió un artista cuya base es la música, c) la premisa era mostrar el lado de México que el mundo olvidó detrás de los descabezados y las balaceras.

En técnica, Hecho en México está por arriba del promedio: la fotografía es impactante, la edición es dinámica y fluida –con toques de producción televisiva– y el sonido es excelente.

La música, hilo conductor de la película, tiene una producción sobresaliente (compraría el soundtrack sin problemas). Ecléctica y diversa, combina sin caer en lo chocante a duplas como Don Cheto (músico y locutor mexicano en Los Ángeles) y Amandititita, Molotov y Residente (Calle 13) o Lupe Esparza y Lila Downs… aunque abusa un poco de Carla Morrison y Natalia Lafourcade. Otro gran acierto es la participación de conjuntos de música tradicional (a pesar de Venado Azul y su “Cusinela”, canción local con tintes misóginos).

Hecho en México acierta al acercarse a la gente común que opina sobre migración, adicciones, qué y cómo es ser mexicano, en fin, un sinnúmero de tópicos. También escuchamos estos temas en boca de celebridades nacionales: autores, músicos, intelectuales, líderes espirituales, que sin embargo pierden fuerza porque nunca nos dicen quién está en pantalla. A algunos los reconocemos por su obviedad, a otros porque su foto salió en el periódico… un externo o alguien menos ubicado tendrá que esperar a los créditos para saber quién le habló acerca de la situación social en México.

Aquí están todos los clichés: el guadalupanismo absoluto (porque supuestamente todos los mexicanos le rezamos a la Virgen), una gala de albures no apta para toda la familia (lamentable Ponchito sin rastro de su humor inteligente), Gloria Trevi (hablando de sus genitales… sin comentarios), el caos de la ciudad de México, la belleza campirana del país, el surrealismo del Metro, los voladores de Papantla y más. Imperdible: la emotiva intervención de Chavela Vargas, reflexionando sobre el alma y –oh, ironía– la muerte.

¿Sugerencia para disfrutarla? Intenten adivinar el elenco, seguro le atinan a varios (eso incluye a los ubicuos Rubén Albarrán y Diego Luna).

Hecho en México no pretende ser un documental, sino un escaparate de mexicaneidad donde se nota el cariño que Duncan Bridgeman le tiene al país. Como promocional turístico esta película haría maravillas, pero como cine mexicano se siente perturbadoramente sentimental y condescendiente rumbo al primero de diciembre.


Responses

  1. La constante necesidad de “mirar el pasto más verde” y las aspiraciones de los mexicanos por acercarse lo más posible a sociedades de primer mundo, ha hecho que se genere un rechazo extremo al producto nacional: Muchos prefieren comprar un desayuno en McDonald’s que un tamal, comprar diseño excesivamente caro y abaratar las artesanías, o solo escuchar música en cualquier otro idioma que no sea español. Tristemente, esta conducta dominó la sociedad mexicana durante tantos años que hirió el autoestima social y nos creímos el cuento de que nada hecho en nuestro país se podía comparar con lo extranjero, mientras “los de fuera” se maravillaban con la esencia mexicana.

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